Carlos Irizarry: de comisionado a indigente

Carlos Irizarry:   de comisionado a indigente
Una de las salvaciones de Irizarry ha sido su amistad con la pastora Lourdes Yoseph, propietaria de Los Coquitos, quien lo ha aconsejado.
Foto: Iza Montalvo. La Prensa

Kissimmee

De la noche a la mañana, el ex comisionado de 57 años, se encontró sin un techo donde pasar la noche, viviendo de cupones de alimentos y sin deseos de vivir.

Sin titubear, Irizarry se culpa a sí mismo de su suerte, aunque rechaza que su infortunio sea el resultado de una aparente infidelidad y el efecto dominó que tuvo su arresto el 27 de mayo del 2010 por cargos de agresión con una pistola durante una disputa con su ex esposa y madre de sus dos hijos, Delia.

Mucho más delgado, aunque con buen sentido del humor, el ex funcionario público, primo del ex senador boricua y productor de televisión Roberto Vigoreaux, se confesó durante una entrevista exclusiva con La Prensa, aparentando ser un hombre más humilde cambiado al cristianismo. “Los primeros días la comida no me pasaba de la garganta y rebajé de 10 a 12 libras,” recordó.

Los últimos años de su vida han sido como viajar en una montaña rusa, marcados por un agrio divorcio -y otro en camino-, hasta la madrugada que por primera vez durmió en su vehículo (SUV) frente a un Walmart. Ese día de San Valentín, consideró el suicidio.

“Pensé en un momento en acabar con mi vida pero pronto comprendí que tú no puedes arreglar el pasado y que este era un proceso, una prueba que tenía que pasar. Uno tiene que aprender del pasado, vivir el presente, pues solamente Dios tiene control de tu futuro”, expresó.

Irizarry pasa horas muertas sentado en una mesa en las afueras del negocio Los Coquitos, hablando con personas que se le acercan cuando lo reconocen, escuchando música de alabanza o simplemente impartiendo palabras de aliento a otros que, al igual que él, lo necesitan.

Cuando le da sueño, se retira a su automóvil, baja el asiento y se toma una siesta.

“El llegó aquí bien quebrantado, se sentía bien caído…me costó mucho levantarlo pues todo lo miraba oscuro”, dijo la pastora Lourdes Yoseph, propietaria del establecimiento, localizado en la avenida Michigan y la 192.

“El hombre que tú ves ahora no es el mismo. Vino con mucho llanto. Dicen que los hombres no lloran pero eso no es cierto. Gracias a Dios, él es ahora una persona mucho más fuerte y segura”.

En su vehículo, Irizarry mantiene una plancha, una tabla de planchar, documentos importantes y una maleta roja repleta de ropa. Después que plancha la ropa, la pone a colgar en dos tubos plásticos parecidos a los que sostienen las cortinas de baño que le sirven de armario en los asientos traseros.

Es su guagua, la salvación que lo ayuda a moverse para buscar trabajo, visitar la oficina de empleo Workforce Central Florida o para ir al encuentro con su primera nieta de 10 meses, Annalise.

Durante los primeros días en indigencia, se bañaba en la casa de su hija o visitaba algún conocido que le brindaba comida. Viajar le resultaba un lujo por el costo de la gasolina, y su hija vivía muy lejos.

“Creo que envié más de 100 resumés y no conseguía trabajo”, señaló el ex comisionado afiliado al Partido Republicano. “Nunca pensé que servidores públicos que yo admiraba y consideraba mis amigos me dieran la espalda por política. Eso ha dolido mucho”.

Aunque prefiere no abundar sobre el tema, Irizarry afirma sentirse arrepentido de varias decisiones que tomó relacionadas a su primer matrimonio y de su segunda esposa tampoco habla.

“Uno de mis errores fue pedirle a ella (Delia)que esperara a que pasaran las elecciones para finalizar el divorcio”, dijo Irizarry. “Fue un acto egoísta y tal vez, si le hubiese dado el divorcio en enero, cuando ella presentó la demanda, a lo mejor nada de esto hubiera sucedido”.

Según la versión de Irizarry, en el momento en que ocurrió el incidente con su ex esposa llevaba más de un año separado. Argumentó por otro lado, que nunca sacó una pistola para amenazarla y que decidió declararse sin oposición a los cargos para evitarle más dolor a sus hijos con un publicitado juicio.

“Nunca hubo un arma en la escena, mi arma fue encontrada en mi vehículo”, alega Irizarry. “En varias ocasiones saqué el celular de mi bolsillo, pero no era un arma”.

En una declaración jurada firmada por su ex exposa, la misma sostiene no sentirse amenazada por él.

“Ella y mis hijos me sacaron de la cárcel”, dijo Irizarry. “La relación nunca se reparó porque ella se sintió engañada y no la culpo. Cualquier mujer en su lugar hubiera hecho lo mismo”.

Ahora todo parece indicar que el sol se está asomando en el horizonte para el ex comisionado.

Mientras realizábamos este reportaje, Irizarry recibió una posible oferta de trabajo con una prominente oficina de abogados, aunque al cierre de esta edición, su situación laboral no estaba del todo clara.

Esto podría indicar que los días que pasó durmiendo en la estación de un autobús, el carro o en el sofá de la casa de algún amigo o familiar, podrían estar llegando a su final.

“Unos amigos que tenían una casa vacía en la Calle Oak me ofrecieron alojo por el momento y le doy gracias a Dios por eso”.