Estudiante desamparado vive en el bosque

Estudiante desamparado  vive  en el bosque
Pese a su condición de desamparado, Jay Martínez continúa sus estudios universitarios. Migdalia Fernández.

Kissimmee

Todos los días sale a la calle con la mochila en su hombro para ir a la universidad. Su camino hacia el éxito es uno lleno de altas y bajas.

“Hay que hacer lo que sea para salir adelante”, explicó Jonathan “Jay” Martínez, que vive con su novia, Michel Soke, de 32 años.

A penas a varios pies de la carretera 192 se ubica el “hogar” de Martínez, un campamento en un bosque del condado Osceola.

Este es uno de varios campamentos que se concentran en bosques cerca de las zonas urbanas. Para llegar allí hay que caminar bastante entre la maleza. No se encuentran a la simple vista por razones de seguridad y los que viven allí tienen que enfrentar los elementos de la naturaleza y del clima.

“Muchas veces los animales nos comen la comida”, explicó Martínez. “Cuando llueve es muy difícil porque hay que encerrarse dentro de la caseta”, dijo su compañera Szoke.

El joven, un puertorriqueño de Nueva York de 24 años de edad, vivía en la Gran Manzana. Vino a la Florida después que su mamá le prometió ayudarlo a salir adelante. Cuando llegó a la Florida, dice que su padrastro no lo quiso en la casa y su madre le dio la espalda. Terminó en la calle.

“Ya no tengo familia ni nadie que me ayude”, dijo Martínez, quien, pese a no tener hogar, se inscribió en Florida Technical College y sólo le faltan unos meses para terminar sus estudios en Artes Gráficas.

Como él hay muchos otros casos de personas que no tienen hogar. A diferencia de Martínez, éstos no viven en terrenos vacíos.

Según Muffet Robinson, de la Coalición para los Desamparados, en el último conteo de desamparados de una noche de 2012 recibieron 3,016 personas en refugios. Además, se estima que en la Florida Central hay unos 11,000 niños sin hogar.

Los motivos para que una persona termine viviendo en estos campamentos varían en cada caso.

Robinson asegura que muchos de los que no se hospedan en los refugios es porque “no quieren seguir las reglas que establecemos: no drogas, no alcohol, toque de queda y pedir permiso para salir de fin de semana”.

Ese no es el caso de Martínez, quien vive en una humilde caseta de campaña con sus pocas pertenencias porque es más económico y cerca a la universidad.

Trabajó un tiempo en McDonald’s pero dejó el trabajo cuando no le ajustaron las horas para acomodar sus estudios.

Szoke, quien padece de esclerosis múltiple, aún trabaja en McDonald’s pero cuando se enferma no puede trabajar.

“A veces nos quedamos en hoteles cuando hay dinero pero eso no es posible siempre”, dijo el joven.

Otras personas que acampan en el bosque están allí por sinsabores del destino, embargos en las casas, jóvenes rechazados por los padres, fugitivos de la ley y la justicia, drogas, vicios y hasta hay quien está allí sólo porque no quiere trabajar.

“Muchos de estos desamparados tienen sus propios demonios que los condenan y necesitan ser liberados”, dijo David Torres, de la organización Good Samaritan, que lleva 15 años ayudando desamparados.

Su situación de vida es precaria, pero su empeño para continuar hacia adelante y terminar sus estudios sienta un ejemplo de admiración.

“Yo voy estar ahí cuando se gradúe”, dijo Wiki Pérez, de la Organización Casa de Doña Plena, quien visita el campamento regularmente para llevar comida.

Como Pérez, otras personas le han dado la mano a Martínez, sea con comida, con sus estudios universitarios, con transporte y apoyo emocional y mental.

Recibe becas y préstamos para sus estudios, aunque “no me sobra nada para vivir”, dijo.

A veces recibe ayuda de cupones de alimento, una iglesia les ayuda con estudios bíblicos y con transporte en algunas ocasiones. Hasta el dueño del terreno privado en el bosque permite que se queden allí gratuitamente.

Los oficiales electos de Osceola están al tanto del campamento.

El comisionado por el Distrito 1 de Osceola, Michael E. Harford, comentó que están conscientes del problema.

Comentó que la ciudad de Kissimmee “decidió aclarar las áreas entre los árboles y abrir paso a más luz y visibilidad”, para que la gente no se escondiera ahí.

“El dueño de la propiedad tiene conocimiento de ese campamento y los deja quedarse ahí. Para otros la suerte no es la misma”, según Harford.

Arin Thrower, portavoz de la ciudad de Kissimmee, explicó que Kissimmee está embelleciendo sus áreas verdes y “eso no tiene nada que ver con los desamparados”.

La vida de Martínez no cambiará hasta que se gradúe y consiga empleo.

Él se aferra a su fe y espera que, tras su esfuerzo, se abrirá un camino hacia adelante.

“Dios proveerá”, dijo.