De víctima de violencia a empresaria

De víctima de violencia a empresaria
Jackie García, sobreviviente de violencia doméstica, es ahora empresaria y propietaria de dos negocios. Migdalia Fernández

Kissimmee

Siendo víctima de violencia doméstica en más de una ocasión, Jackie García nos cuenta su historia de sobrevivencia.

Tras una larga lucha por salir adelante, García, dueña de una heladería Ben & Jerry’s en Kissimmee, confiesa que a sus 38 años de edad la vida no siempre fue tan dulce como aparenta.

“Aprendí a gritar y eso cambió mi vida”, dijo García, quien hoy día es una empresaria exitosa, pese a que no siempre su vida fue así.

Detrás de su sonrisa se encuentran las cicatrices que dejó un pasado lleno de miedo y vergüenza. El grito es símbolo de la voz que levantó para pedir ayuda y salir de la situación en la que se encontraba en más de una ocasión en la que fue víctima de violencia.

Según cuenta, ese grito le dio fortaleza para seguir hacia adelante, dijo refiréndose a dos cosas: una llamada al 911 y un llamado interno.

“Dios me dijo que gritara”, explicó. “Como hacen muchas mujeres, me cubría la cara para que no quedaran marcas de los golpes”, dijo García, quien sufrió golpes de dos compañeros sentimentales.

“La primera vez, mi exesposo llegó muy tarde a la casa y estaba bebido. Tenía una sortija de la universidad y me dio un golpe tan fuerte que me marcó la cara y me hinchó el ojo”, dijo la puertorriqueña.

Ese era el padre de su hijo, el hombre que decía amarla.

“En ese momento me fui en un trance y sólo pensaba en mi mamá. Decía: ‘mami, mami’… y me mecía de adelante hacia atrás”.

García no sabía qué hacer, viniendo de una familia donde su padre también le daba a su mamá. Pensó que era normal y que todo se resolvería.

Según expertos, ese modo de pensar es “normal” entre mujeres golpeadas.

“Muchas personas son víctimas por generación, porque no saben cómo salir de ahí o porqué piensan que es normal, que el agresor va a cambiar”, dijo Carol Wick, CEO de Harbor House, una organización que ayuda a víctimas de violencia doméstica en la Florida Central.

De acuerdo con Harbor House, una de cada tres mujeres es víctima de violencia doméstica en los Estados Unidos. Siete de cada 10 viven con sus cónyuges. Además, según Harbor House, la violencia doméstica ataca en cualquier nivel socioeconómico.

Tras una relación violenta, García entró en una segunda relación, donde nuevamente terminó siendo víctima de abuso conyugal.

La segunda relación violenta duró por siete años. Su excompañero la amarraba para obligarla a tener relaciones sexuales. Según ella, una vez la amarró con una soga al sofá y, al ella intentar zafarse, la amenazó con un cuchillo al cuello.

“Yo sólo lloraba y decía, ‘Dios acuérdate de mí’. Cuando él escuchó esto, llenó la bañera de agua y me metió allí. Pensé que me ahogaría de seguro”, pero su excompañero se fue de la casa y la dejó allí, en un estado emocional crítico, golpeada, violada y con pánico a morir.

Ahí fue donde llamó al 911 y él se fue a la fuga.

“Al otro día él se fue a entregar a las autoridades, pero en el cuartel de la policía de Kissimmee, le dijeron que él no se podía entregar y que regresara a la casa a esperar que lo arrestaran allí”, según García. La policía lo fue a buscar a las 8 de la noche, unas siete horas después.

Asegura que “si él hubiera querido regresar a la casa a matarme, lo hubieran dejado hacerlo. Imagínate cómo está el sistema que lo envían de regreso a casa de la persona que agredió para entonces actuar”, comentó.

Dice que la culpa de todo esto la tuve ella, por no darle tiempo a conocer a fondo a esta persona.

“Me pasó más de una vez y aprendí que hay que romper esos círculos, ser fuerte y salir adelante”, concluyó García, quien es hoy una sobreviviente feliz junto a sus hijos de 17 y 14 años. Todos trabajan en su heladería Ben & Jerry’s en The Loop, en Kissimmee.

Tanto ella como otras sobrevivientes de violencia doméstica confiesan que las ayudas no son suficientes para una mujer abusada y que el sistema pone a mujeres en riesgo muchas veces.

“Una orden de protección no es suficiente”, dijo Diana Mejía, del Nuevo Sendero, organización que ayuda a víctimas de violencia doméstica.

Denunciar su agresor le costó mucho a García: perdió su casa y todas su pertenencias.

“No hay ayudas suficientes para salir adelante sola”, dijo García, quien se fue a Puerto Rico a casa de su familia y luego regresó a la Florida con mucho más empeño.

Tanto así que hoy dedica su tiempo a sus dos empresas —una de piezas de carro y otra de hela dos—, y además da charlas a otras mujeres acerca de su experiencia.

“Comencé a lograr, encontrar quién soy cuando comencé a alzar mi voz”, dijo.