Violencia en las calles afecta a familias hispanas

Violencia en las calles afecta a familias hispanas
Unas 50 personas se dan cita a una vigilia en memoria de Berríos, realizada en el lugar del crimen, al sur de Orlando Iza Montalvo

Para quienes la conocen, no es sorpresa escucharla cantar ni que en los momentos tristes de sus amigos eleve su voz en una entonación balsámica y de consuelo, sólo que esta vez nadie espera oír el canto de esta activista comunitaria puertorriqueña, porque en estos días es su enlutado llanto de madre que inesperadamente vela a su hijo lo que lo inunda todo.

Es el llanto de Julia Estrella, reconocida miembro de la organización Frente Unido 436 y la voz que con un canto borinqueño despidió los restos del reconocido líder puertorriqueño Rico Picard, hace unos meses, y a quien la violencia de armas le acaba de arrebatar a uno de sus hijos, Juan Luis Berríos, asesinado a tiros en una calle del hasta ahora tranquilo residencial hispano de Meadow Woods, al sur del Condado Orange.

“El dolor es demasiado inmenso. Tan fuerte como el de una madre a la que le matan a su hijo”, dijo a La Prensa Estrella, mientras preparaba los funerales de Berríos. “Mi hijo era un buen muchacho. Esperaba lo mejor que él pudiera ser, un buen ciudadano”, casi murmura con voz queda. “Me lo mataron por envidia”, añade.

De risa estruendosa, amante de la música rap y con el desenfado que caracteriza a la juventud de hoy día, Berríos, de 20 años, era, según cuenta su madre, “un muchacho normal” con ambiciones de ser alguien algún día, casarse, tener hijos, llegar a viejo.

“No se puede esperar que todo el mundo sea doctor o abogado, pero Juan quería ser alguien; terminó la secundaria, estaba trabajando y se estaba organizando”, aseguró sobre el menor de sus seis hijos.

Todo parecía cotidiano aquel mediodía dominguero del dos de febrero, el último día en su almanaque, cuando Berríos fue por algo de comer a la gasolinera ubicada en el 13451 del Boulevard Landstar. Saltando de algún rincón, un hombre se acercó a la ventanilla de su auto y, en un fuego rápido e intenso, le disparó casi a quemarropa. Seis tiros impactaron al joven hispano, que más tarde sucumbió en un hospital.

Detectives que investigan el caso lo han descrito como “un tiroteo al azar”, e identificaron como el responsable a Demetri Burker, a quien acusaron la semana pasada de asesinato.

“Este es un caso lamentable que aún estamos investigando”, dijo a La Prensa el capitán Ángelo Nieves, portavoz de la Comisaría de Orange (OCSO en inglés). “Las pequisas aún no han terminado”, enfatizó.

Un crimen que mantiene en vilo a la otrora tranquila barriada de Meadow Woods, una comunidad vibrante, llena de jóvenes y donde la diversidad es una marca impuesta por el 67.2% de los hispanos que la llaman casa, según cifras del Censo.

“Esto había sido una barriada tranquila, donde mi hijo era conocido por todos, pues llevamos residiendo aquí ocho años”, dijo Estrella, ampliando que en todo este tiempo ha sido testigo del cambio en el área. “Espero que la muerte de mi hijo no quede impune y que sirva como una reflexión en nuestra comunidad para que ninguna otra madre sufra el dolor que estoy sintiendo hoy”, afirmó.

Es el sentir que también comparte Zoraida Ríos Andino, representante de Frente Unido 436.

“Nuestros jóvenes no deberían de sufrir en carne propia la falta de oportunidades que nos deja el no tener representación municipal. “Están desocupados, atrapados, sin trabajo y sin lugares de recreación”, afirmó Ríos. “Las cosas tal vez serían muy distintas para nuestras comunidades minoritarias si tuviéramos un gobierno local que apoyara a nuestros muchachos, que en vez se quedan desamparados, sin más recursos que las calles, las drogas”, aseveró la líder comunitaria.

El homicidio de Berríos no ha sido el único que ya ha enlutado a los hispanos de Orange este año. Ese mismo domingo sangriento murió asesinado el puertorriqueño Geraldo Castillo Torres, de 25 años, quien al igual que Berríos fue acribillado dentro de su vehículo, también en el sur de Orlando.

Pese las coincidencias, la cercanía geográfica y la manera de morir, el asesinato de Castillo no parece estar relacionado con el de Berríos, aseguraron los alguaciles de Orange, mientras que Policía de Orlando está ofreciendo una recompensa de hasta $5.000 por información que lleve a la captura de algún sospechoso de este crimen.

“Es una situación que está ocurriendo no sólo en la oficina (del Alguacil de Orange) pero en todas las áreas y ciudades”, aseveró Nieves, resaltando la necesidad de contar con la cooperación de la comunidad para resolver los crímenes.

“Es importante que los vecinos, los amigos, la gente que sabe algo, que escuche sobre quién tiene una pistola y piensa usarla, nos lo diga, así sea de manera anónima”, dijo el capitán Nieves.

En lo que va de año, unas diez personas han sido víctimas de homicidio en Orange. Cuatro de esos asesinatos han ocurrido en Orlando, donde para mitad del año pasado ya habían muerto 12 personas por la misma causa, según estadísticas del Departamento de Policía de Florida (FDLE en inglés) que también recogen como 39 el número total de personas asesinadas durante ese mismo período en Orange

Los funerales de Berríos se llevaron a cabo esta semana en una funeraria del populoso Buenaventura Lakes, donde Julia Estrella, la cantora de los consuelos, sólo pudo ser una madre que lloró la muerte de su hijo en desconsuelo.