El idioma, otra barrera para graduarse

El idioma, otra barrera para graduarse
Yaremis Ávila y algunos de sus compañeros
Foto: Cortesía

Poinciana

En sus primeros años de escuela, Yaremis Ávila aprendió a sumar, a restar y su imaginación le dio la vuelta al mundo en clase de geografía, en su natal Cuba.

Cuando le hablaron por primera vez de los científicos cuyos experimentos revolucionaron el mundo, Yaremis recuerda que aprendió por medio del método tradicional de enseñanza de sus maestros: pizarra, tiza y, simplemente, de los libros.

En la Cuba comunista, su educación no dependió de Google ni de calculadoras, sin embargo, siempre fue una estudiante de honor.

En 2010 llegó a Tennessee. En 2012 se mudó a Florida. Desde entonces, su formación académica ha ido cuesta abajo. Ahora Yarelis, de acuerdo al polémico cálculo estándar del examen de aptitud académica de la Florida, no puede graduarse el año que viene si fracasa otra vez.

“Mi experiencia en Cuba era de una estudiante sobresaliente, yo tenía todas A y B. La maestra dedicaba su tiempo a enseñar. Solamente nos daban los exámenes finales de cada clase, de cada asignatura, siempre fui una estudiante aplicada”, explicó la joven de 17 años, a La Prensa. “Desde que llegué a Florida no he podido pasar el FCAT, (prueba estatal de aptitud académica). Es un examen bien difícil, pero yo pienso que esto no debe medir tu inteligencia”.

Yarelis no está sola. En la escuela Liberty High, algunos de sus amigos y compañeros tienen el mismo reto: pasar el examen si quieren graduarse de cuarto año.

El problema de estos jóvenes es que, al no dominar suficientemente el inglés, aunque cuenten con los conocimientos tienen fuertes problemas para resolver un examen tan complejo como el FCAT, que es en inglés.

Ante la migración consistente de puertorriqueños y latinoamericanos a la Florida, líderes comunitarios, educadores, administradores, oficiales electos y activistas iniciarán una serie de foros públicos para trazar un plan de acción que persigue mejorar las oportunidades para los alumnos con dificultades en el idioma, entre otros retos académicos.

El primer foro se llevó a cabo este miércoles en el Valencia Community College de Kissimmee, liderado por la Cumbre de Asuntos Puertorriqueños.

“Existe una preocupación real y es frustrante que muchos estudiantes hispanos que recién están llegando no pasen estos exámenes. Aquellos que se mudan ya estando en la escuela secundaria, prácticamente no tienen el tiempo o la oportunidad de adaptarse, de ajustarse a los cambios culturales, lo que se traduce a un fracaso seguro y menos oportunidades para asistir a la universidad”, opinó Kelvin Soto, miembro de la Junta Escolar del Condado Osceola.

En general, los llamados exámenes estandarizados de alto riesgo como el FCAT, el cual será sustituido por el Florida Standards Assesment (FSA) a partir de 2015, son además considerados por sus críticos como negocios políticos disfrazados de responsabilidad social.

Lourdes Pérez Rodríguez, fundadora y presidente de HispanEduca, organización sin ánimo de lucro, enfocada en orientar a los padres sobre sus derechos y los problemas de desigualdad en la educación, critica el que no se destinen fondos para promover la educación bilingüe en los condados del centro del estado, como lo hace el Condado Miami-Dade. Pérez Rodríguez trabajó en la industria de los exámenes estandarizados o de alto riesgo (high-stake) en el estado de Utah.

“No es posible que de los 186 días del año, una cuarta parte se use para enseñarle a los estudiantes cómo prepararse para un examen que no es para diagnosticar, es un examen de grandes consecuencias con el que no solamente se le hace daño al estudiante, se mide el rendimiento del maestro, de la escuela y del distrito”, dijo Pérez Rodríguez. “Tenemos que crear seres pensantes, proveer instrumentos de análisis crítico, abrir los portones de las oportunidades en Florida, que no hayan tantos obstáculos para evitar que siga en alza la tasa de estudiantes que dejan la escuela (drop-outs). Y más que nada, abogar por la educación bilingüe en Florida y que se les permita a los estudiantes recién llegados un tiempo razonable de adaptación”.

Por otro lado, esta semana Yazielis Ramírez, de 11 años, de la escuela elemental Keeth en el Condado Seminole, logró obtener un puntaje perfecto en el FCAT en las tres porciones del examen de cuarto grado de un total de 27,000 estudiantes en el distrito. Menos de 0.5% logró esta puntuación en todo el estado.

“Es terrible tener que admitirlo, pero es una realidad. Los estudiantes que llegan pequeños a este país van a tener mayores oportunidades de sobresalir académicamente por la forma en que está estructurada la educación”, sostuvo Pérez-Rodríguez.

Durante un año y medio, Cindy Hamilton viene proponiendo una medida más radical con su organización Opt-Out Florida. Hamilton educa a los padres basándose en los estatutos de ley del estado sobre cómo rehusarse a tomar estos exámenes.

Pero si el estudiante toma el examen aunque sea una vez, ya no puede considerar esta opción, dijo Hamilton.

“Los padres y los estudiantes deben saber que existen maniobras legales para que los estudiantes se rehúsen a tomar estos exámenes”, expresó Hamilton.

“Estas pruebas de alto riesgo (high-stake) generan miles de millones de dólares para las grandes corporaciones solamente para explotar y hacerle daño a nuestros niños”, añadió Hamilton.

En la legislatura de la Florida, el tema ha sido debatido, pero los que se oponen a estos exámenes no llegaron muy lejos con sus argumentos y propuestas.

El legislador estatal del Distrito 48 Víctor Torres reconoce que es un asunto político que requiere más presión pública y un frente común en ambas cámaras para enmendar la ley.

“Fui a tres graduaciones y pude ver muchos hispanos logrando su sueño, lo que me llenó de mucho orgullo”, dijo el representante demócrata. “Pero no podemos olvidar a los que están luchando por un mejor futuro”.