Guerrera contra el cáncer

Guerrera contra el cáncer
La pediatra puertorriqueña Lissette Olavarría junto a su familia.
Foto: Familia Olavarría

Todo empieza inadvertidamente con la insubordinación de células rebeldes que con furia causan división, sin piedad lanzan ataques constantes, evaden su captura y en una emboscada subversiva convierten la calidez del seno en cavidades malditas donde imperar a sus anchas. Es el cáncer de mama, el más común de los cánceres en las mujeres. Pero con una combinación de tácticas de concienciación y estrategias de detección temprana es posible contraatacar y ganar la guerra por la vida que en el Mes Nacional contra el Cáncer del Seno convierte a todos en guerreros de pecho a tomar.

Reconocido como el mes para alertar y crear conciencia sobre la importancia de la detección temprana del cáncer de mama, octubre se presta para que las mujeres, muy especialmente, y los hombres —que también ellos son víctimas— se hagan la mamografía, el método más efectivo para la detección temprana del cáncer del seno, según coinciden distintas organizaciones de salud, como el Instituto Nacional de la Salud (NIH en inglés) y la Sociedad Americana Contra el Cáncer, entre otros.

“Estadísticas actuales señalan que una de cada ocho niñas que nacen cada día van a desarrollar cáncer en algún momento de su vida adulta”, asegura a La Prensa la doctora Ana Cuesta Fernández, médico internista y fellow del programa de especialidad en oncología y hematología del Hospital Orlando Health, en Orlando.

“Se recomienda que una mujer empiece a hacerse su mamografía entre las edades de 40 a 50 años”, dijo Cuesta Fernández. “Con la mamografía podemos detectar el cáncer mucho antes de que la persona empiece a sentir síntomas”, añade, indicando, por otro lado, que aunque la mamografía es el método básico más rápido para detectar la presencia de tumores en los senos, el mismo sin embargo, no funciona con la misma certeza en mujeres más jóvenes.

“Los tejidos de los senos en mujeres más jóvenes son muy densos, y las imágenes que se pueden ver en las mamografías no son entonces reconocibles”, dijo la oncóloga, de origen cubano. De acuerdo con Cuesta, no obstante, la mamografía es recomendada en pacientes jóvenes en casos específicos y en los que exista un historial médico contribuyente. “Genes, que un familiar muy cercano haya padecido de cáncer del seno antes de los 40 años”, añadió.

“Tener un factor de riesgo no quiere decir que se va a desarrollar cáncer”, enfatiza Cuesta Fernández. “Es más, muchas mujeres con riesgo nunca llegan a tener cáncer, es por eso que la prevención es clave”, aseguró, especialmente para las latinas, ya que según estudios publicados por la Asociación Americana contra el Cáncer, esta enfermedad afecta agresivamente a las hispanas.

“No sabemos con certeza qué es lo que pasa, pero una teoría es que el cáncer se diagnostica en etapa más avanzada. Además las latinas tienen la tendencia a darle preferencia a la familia y al trabajo antes que a su salud, explica la doctora Cuesta Fernández. “No nos ocupamos de nosotras mismas, siempre le damos prioridad a los demás y eso es un error, tenemos que cuidar de nuestra salud con los exámenes de prevención, como la mamografía”.

Lissette Olavarría no contaba con ninguno de los clásicos factores de riesgo. Saludable, joven, sin historial familiar de cáncer del seno. Siempre activa y como casi todas las mamás latinas, no poner atención oportuna a su salud y sus necesidades se convirtió en rutina. Dejó de hacerse la prueba de la mamografía hasta que un noviembre, decidió hacer una cita para la mamografía que por dos años había postergado.

“La verdad es que después de escuchar en octubre por todos lados, hágase la mamografía, decidí hacérmela y a regañadientes fui y me la hice. Ese día me cambió la vida”, recuerda seis años después Olavarría, una madre y esposa puertorriqueña que no podía creer la guerra que subrepticiamente se estaba librando en su pecho.

“Los primeros días no fueron fáciles. Vino la etapa de la negativa, pero decidí enfrentarlo. Traté de mantener una postura normal frente a mi familia, no le oculté nada a mis dos hijos, eso sí, me tocó explicarle a mi niña, entonces de 6 años, que era como el juego de Pacman, en el que unas células malignas se tragaban a las buenas”, revela Olavarría, cuya fortaleza asegura está basaba en su fe cristiana.

“Me sometí a tratamientos severos, una mastectomía radical, seis meses de quimioterapia, 33 tratamientos de radiaciones, muy fuertes, pero mi espíritu lo era más”, relata, y en sus palabras se cuela un dejo de agitación, como si reviviera ese momento. “Las radiaciones te queman la piel, pero aun así me vestía y me iba a mi consulta en el Family Health Center, donde por años tuve la oportunidad de ofrecer mi ayuda a la comunidad y a quienes les estoy inmensamente agradecida por el apoyo”, dijo la pediatra puertorriqueña y residente de Orlando desde hace 11 años.

En su lucha, Olavarría ha tenido también que proteger su corazón de los efectos tóxicos comunes de los tratamientos contra el cáncer, como las quimioterapias, radiaciones y medicamentos para mantener estas células malignas bajo control y que pueden afectar al 30% de las pacientes de cáncer de mama.

“Gracias a mi Padre Celestial que me fortalece, porque he desarrollado problemas con el corazón”, asevera, pero dice estar tranquila y sentirse en buenas manos, gracias a la alianza entre el Instituto del Corazón y el Centro de Cáncer del hospital Orlando Health, que han unido esfuerzos para evaluar pacientes de oncología y monitorearlos mientras reciben tratamientos contra esta enfermedad.

“Antes se pensaba que un paciente con cáncer del seno no tenía esperanzas, y mala suerte, si les tocó, pues les tocó enfermarse del corazón, pero eso ha cambiado, ahora sabemos que estas cardiopatías pueden evitarse con tratamientos tempranos”, dijo a La Prensa la cardióloga Carolina Demori, quien trata a Olavarría. “Los daños al corazón de una paciente de cáncer del seno pueden tardar hasta 20 en años en aparecer”, asegura Demori.

“Si un problema es detectado o factores de riesgo, los cardiólogos y oncólogos trabajamos juntos en los tratamientos contra el cáncer o para recetar medicamentos para el corazón. El objetivo es que el paciente no pierda su corazón en la lucha contra el cáncer”, recalcó la cardióloga venezolana.

Olavarría admite que esos dos años sin hacerse la mamografía fueron cruciales. “Sabía que tenía que hacerme mis pruebas preventivas pero a la verdad, siempre lo dejaba para después”, dijo casi en un susurro y recomienda a otras mamás latinas a hacerse la mamografía regularmente. “No ‘procrastinarse’ [dejarlo para después], porque si lo hacen, no están ayudándose a sí mismas ni a sus familias”, comentó.

“Tras dos años de remisión, el cáncer de seno volvió, con metástasis en mis huesos y mis pulmones, pero no me rindo, esto no ha terminado, ahora estoy dedicada a mí, todo en mi casa y en mi familia gira en torno a mí y mis cuidados”, arenga esta guerrera hispana que no se rinde ante el cáncer y a la defensiva, lucha en una guerra en la que su cuerpo es el campo de batalla y sus armas invisibles y poderosas.

“No me amilano. Tengo fe y mi fortaleza proviene de Dios. Sigo con mi espíritu adelante, sin inquietarme. La vida no se trata de sentarse a esperar a que la lluvia o la tormenta pasen. La vida se trata de danzar, bailar debajo de la lluvia, porque la actitud positiva es más de la mitad del tratamiento en esta guerra contra el cáncer”.