Abogada se apresta a defender a solicitantes de asilo transexuales, usando su experiencia personal como motivación

Ava se llamaba Andrés antes de hacer la transición. Ya era abogado de inmigración, pero desde que decidió vivir como mujer ha representado cada más casos de mujeres transgéneros que sufren violencia y abuso en sus países.
Abogada se apresta a defender a solicitantes de asilo transexuales, usando su experiencia personal como motivación

La jueza de inmigración Lorraine Muñoz es conocida como una de las más duras de Los Ángeles, con un record de rechazar a 9 de cada 10 casos de asilo que llegan a su tribunal.

Muñoz, quien maneja muchos de los casos de asilo de personas transgénero en Los Ángeles, fue criticada en septiembre de 2015 por una opinión del Noveno Circuito de Apelaciones. El tribunal dijo, sobre una decisión suya de no conceder el asilo a una persona transgénero, que la corte no “entendió la diferencia entre identidad y orientación sexual”.

Por eso, cuando la abogada Ava Benach supo que la libertad bajo fianza de sus tres clientas transgénero: Pamela, Millie and Ashley dependía de Muñoz, decidió tomar un avión desde Washington D.C y presentarse en persona en el tribunal de Muñoz en el centro de Los Ángeles.
“Podía haberlo hecho telefónicamente”, dijo Benach. “Yo quería estar enfrente suyo y que su experiencia tratando con personas transexuales no fuera únicamente con personas en un traje naranja de presidiarias y rogándole por sus vidas”.

Ava Benach antes se llamaba Andrés  Benach (entonces él, casado y con tres hijos) pero eso cambió hace aproximadamente dos años –tras un largo proceso de terapias y de enfrentar lo que llevaba por dentro- cuando decidió nunca más vestirse como un hombre y asumir la identidad de mujer.
Ya en ese entonces, Ava, segunda generación inmigrante, padre cubano, descendiente de abogados y jueces, era un activo abogado de inmigración, dedicado a ayudar a inmigrantes, con su propio bufete legal en D.C.

La vida que Ava ha llegado dista mucho del abuso y el horror que han pasado muchas de sus clientas trangénero, dice la abogada.
“Ninguna de nosotras puede imaginar lo que es ser violada una vez por alguien, mucho menos en repetidas ocasiones”, contó Ava este jueves mientras esperaba que la jueza Muñoz presidiera el caso de sus tres clientas en Los Ángeles. “Ellas a menudo viven estos horrores como algo natural porque están acostumbradas a ellos”.
Añade que los casos de las mujeres transgénero centroamericanas tienen casi todos en común experiencias de abuso similares: rechazo y abuso familiar, golpizas en la escuela y repetidas violaciones y violencia de parte de autoridades policiales.

“Una de mis clientas me dijo que había sido violada 10 o 15 veces por la policía” en su país.
Ser transgénero –nacer de un sexo pero sentirse de otro y hacer la transición física- es difícil en cualquier parte, pero aún más en países con una fuerte tradición machista como muchos de América Latina.

Las tres clientas de Ava escaparon de tres países diferentes: Honduras, El Salvador y Guatemala, y se conocieron en Monterrey, México, donde vivieron por algún tiempo hasta que decidieron seguir camino hacia los Estados Unidos, cuando supieron que un amigo suyo había logrado asilo aquí.
“Todas ellas nacieron en los años 80 y han vivido como mujeres transgénero en sus países durante parte de su vida adulta”, explica la abogada, quien acudió a la corte con un vestido, botas altas y un color vino en los labios, que más adelante retoca antes de posar para una foto.
Cada una de ellas tiene una historia de violencia, de sus familias, de la policía, de las pandillas. Escaparon a México cada una por su lado y allí vivieron indocumentadas. Las cosas no eran mucho mejor que en Centroamérica”, explica.
Acompañando a Ava en el tribunal está Jennicet Gutierrez, una activista de la organización Familia Trans Queer Liberation Movement (TQLM), y transgénero mexicana quien en junio de 2015 interrumpió un evento en la Casa Blanca para exigir al Presidente Obama que hiciera algo por las detenidas transgénero.

“Así me conocen algunos, como la “heckler” de Obama”, sonríe Gutierrez. “En ese momento le pedí que hiciera algo por estas mujeres, ya que había mucho abuso en los centros de detención para migrantes, donde las tenían en centros para hombres y sin ninguna consideración”.
Las cosas han mejorado, al menos en el sur de California, ya que a las detenidas transgénero las tienen en una sección especial de la Carcel de Santa Ana que opera como centro de detención para migrantes.

El “pod transgénero” es una sección aparte de esa cárcel en la que únicamente hay detenidas transgénero en Santa Ana, unas 40 de ellas actualmente, comenta Gutierrez. Muchas de ellas son centroamericanas y se presentaron por la frontera pidiendo protección, agrega la activista.
Entretanto, la audiencia frente a la jueza Muñoz no ha ido como Ava esperaba. En la mañana la jueza llamó a sus representados antes de que la abogada llegara y de la hora especificada en su papeleo y pospuso su audiencia hasta marzo. La abogada pasó horas esperando que la jueza terminara con otros casos, perdiendo el vuelo de regreso a Washington, para intentar que liberaran a sus tres clientas.

“Hay una organización en Arizona que se compromete a ayudarlas con vivienda y ayuda financiera”, explicó la abogada.
Al final, la jueza Muñoz decide no considerar la solicitud de fianza para las tres mujeres por cuestiones técnicas y porque falta un papel de ICE. Le da a Ava tres fechas diferentes para nuevas audiencias con cada una de ellas.

“Tendré que volver dos veces en mayo”, dice la abogada. “La buena noticia es que ICE probablemente les dé el permiso temporal que necesitan y así podamos seguir luchando por su caso de asilo”.