11 cosas que seguro no sabías y deberías leer antes de empezar yoga

Practicando yoga puedes: estirar tu cuerpo, apagar la mente y enfocarte en vos mismo durante una hora completa
11 cosas que seguro no sabías y deberías leer antes de empezar yoga
Los beneficios de practicar yoga

Cada día te duele más la espalda, te cuesta dormir y no parás de pensar en el trabajo ni siquiera cuando estás en la ducha. Es muy probable que estés necesitando una buena desconexión del mundo y vayas lo más rápido posible al centro de yoga que te quede más cómodo.

El furor por las posturas y la meditación tiene varios años y eso pasa porque realmente sirve. En una clase de yoga podés estirar tu cuerpo, apagar la mente y enfocarte en vos mismo durante una hora completa, algo muy ambicioso para cualquiera con un ritmo intenso de vida .

Los fanáticos van a hablar de los beneficios de la práctica pero se olvidan de mencionar esos detalles rarísimos que te pueden pasar en tu primera clase.

No vas a tener idea de qué partes del cuerpo hablan

Vas a escuchar mucho que te piden que le prestes atención a tus isquiones, una parte que ni siquiera aparece en los carteles de anatomía del colegio. Son los huesos que están atrás de los glúteos: para la postura de meditación o para estirar las piernas, siempre sirve reconocer estas partes como centro de apoyo. Lo mismo pasa con frases como “abrir el pecho”, “cerrar los omóplatos” y “respirar desde el abdomen”, todo esto parece una metáfora pero cuando repetís las clases vas a ver que tienen un sentido muy útil.

Vas a aprender que podés llevar “conciencia” a tu nariz.

Y a todo el resto de cuerpo. La práctica del yoga no sólo sirve para abrirse de piernas y tocar la frente con el piso. Lo más importante es que puedas ser totalmente consciente de todo tu cuerpo para la práctica y la vida general.

Respirar el dolor

Te pasó en spinning, te pasó en pilates, y también en kick boxing; después de la clase la mandíbula te lastima de apretar los dientes del dolor. Una de las cosas que nadie dice de yoga es que la práctica duele, y mucho. Pero lo que lo diferencia de cualquier otro ejercicio es que el esfuerzo no se tiene que convertir en tensión y en dolor. Si aprendés a despejar la mente y a enfocarte en la respiración, los músculos se van a aflojar y vas a poder disfrutar mucho más de la clase.

Vas a transpirar

Las personas que dicen que se aburren en yoga nunca probaron una clase. Es muy difícil aburrirse, a menos que no logres la concentración en ese momento. Eso puede ser lo más difícil de entrenar y hay días y días, es importante que escuches a tu cuerpo. Está más que asegurado que si te empujás un poco más en cada figura, el esfuerzo, y la transpiración, se van a notar. Al principio, si te hace sentir más cómodo, podés llevar una toalla para secarte.

La ropa es clave para que te sientas cómodo y seguro de vos mismo

Era verano y había empezado yoga hacía dos semanas. Pensé que era una buena idea estrenar un short cortísimo y lo único que hicimos ese día fue “perro invertido”, una postura en la que apoyás dedos y manos y hacés una suerte de puente. Resultado: mostré hasta la cicatriz del apéndice a toda la clase. Desde ese día siempre recomiendo calzas, remeras apretadas y tops deportivos. Las medias son esenciales en invierno: en el momento de la relajación suele bajar un poco la temperatura del cuerpo.

No entendés para qué sirve relajar si supuestamente relajaste todo el tiempo

“Savasana”, también llamada la postura del cadáver, es uno de los mejores momentos. Al final de la clase tenés 10 minutos que parecen 30 para acostarte y relajar todo el cuerpo. Acá vale ponerse las medias, el suéter, taparse e incluso improvisar una almohada para la cabeza. Si en tus primeras clases roncás, no te preocupes, a todo el mundo le pasó. Este momento no es para dormir, sino para “absorber los beneficios de la práctica”. Básicamente, si llevaste tensión alguna parte de tu cuerpo, en este momento vas a terminar de relajarlo. Sería algo así como un sueño consciente.

Respirar con sonido es casi obligatorio

Ese ruido se llama sonido ujjayi y es algo así como exhalar haciendo ruido con la garganta. Ahora parece ridículo, pero en un mes vas a estar haciendo lo mismo que todos.

Vas a perder cualquier miedo de tener contacto con un desconocido

Las piernas y los brazos se chocan constantemente y mejor hacerlo que no aprovechar una postura por no tocar a otra persona. Después de varias veces de ir a la misma clase, lo más probable es que termines conociendo a todos e incluso te los encuentres cambiándose de ropa en el probador. Lo mismo va a pasar con el instructor, no tengas miedo si se acerca y trata de agarrarte, solamente quiere corregir tu postura.

Que no te den vergüenza los sonidos de tu cuerpo

¿Levantás un brazo y te suena hasta la rodilla? Le pasó a todo el mundo. Muy probablemente te empiece a sonar la panza también. Es normal, pensá que todos están tratando de concentrarse en su cuerpo y no en los demás.

Te va a dejar de importar todo

¿Cantar “OOOMMM” en voz alta? ¿Estirar antes de cada clase? Todo el tiempo. Cuando tu instructor te pida respirar fuerte o te anime a probar una nueva pose, vas a sentir que todos te juzgan por tu falta de experiencia. Lo genial de las clases de yoga es que todo el tiempo te recuerdan que no es una carrera con los otros y tampoco con vos mismo. Ese nivel de confianza se va a contagiar en tu vida diaria.

Es adictivo

Una vez que le agarres la mano, no vas a querer dejar de ir. Muchas veces pasa que si fuiste a una clase a la mañana, 6 horas después vas a estar extrañando el mat.