Editorial: El acuerdo Trump-Kim

Aún no se puede cantar victoria
Editorial: El acuerdo Trump-Kim
Trump logró su cometido y alcanzó a cristalizar cumbre con Kim Jong-un.
Foto: SAUL LOEB / Getty Images

El diálogo directo entre EEUU y Corea del Norte es un avance importante en una relación estancada y hostil. La reunión entre el presidente Donald Trump y el líder norcoreano Kim Jong-un es un acontecimiento positivo.

Es inusual que el inicio de una relación entre dos naciones se haga al más alto nivel. Este tipo de encuentro se reserva para cuando ya hay un acuerdo o para salvar una negociación. En este caso, se adapta al estilo de los dos líderes, y al propósito inmediato que ambos tienen para esta ocasión.

El culto a la personalidad es una característica que comparten ambos líderes. El norcoreano proviene de un régimen dinástico en que como el tercer “líder supremo” es idolatrado. El estadounidense no tiene una exaltación sistemática, aunque es suficiente con su ego y los aduladores que lo rodean.

La reunión fue un éxito tomando en cuenta las expectativas de cada uno.

Kim, líder de un país paria en la comunidad internacional por la brutalidad del régimen, estuvo de igual a igual con el Presidente de EEUU. Su política de armas y pruebas nucleares tuvo éxito para conseguir el reconocimiento que ningún líder estadounidense le quiso dar, a menos que eliminara sus bombas.

Trump pasa a la historia como el primer presidente que se reúne con su par norcoreano desde el fin de la guerra de Corea. La elevación de su perfil internacional es el premio a su manera poco convencional de gobernar. Hoy asegura que todos están a salvo de un peligro nuclear, al que el mismo Trump contribuyó con sus amenazas. Se siente salvador del mundo y candidato al premio Nobel.

La realidad es que Corea del Norte por ahora no hace pruebas nucleares y Estados Unidos le prometió no hacer ejercicios militares con Corea del Sur y nada más.

Esto último pone a China y Rusia contentos porque reduce la influencia de Estados Unidos en la región. Le da tranquilidad a Norcorea y una sorpresa desagradable para el aliado surcoreano.

Esta no es la primera vez que Norcorea habla vagamente de una desnuclearización. Ahora empieza el largo proceso de los detalles ya conocidos, en donde ocurre el estancamiento de otras épocas.

Kim cree que esas armas son la garantía para evitar una invasión, de su supervivencia. Esa fue la llave para esta reunión. Es difícil que se deshaga de ellas, incluso con las promesas de una seguridad que está fuera de las manos de Trump.

La reunión Trump y Kim refleja la política exterior de la Casa Blanca.

Insulta al líder de una democracia como Canadá y le abre los brazos a un dictador. Al primero lo acusa de “débil”, al segundo lo admira. En la disputa con Justin Trudeau se puede perder empleos y un aliado muy importante, con Kim ganó una foto con quien no merece ninguna confianza.

No hay nada para cantar victoria.