El plan maquiavélico de Trump apenas comienza

Maribel Hastings es asesora ejecutiva de America’s Voice
El plan maquiavélico de Trump apenas comienza
El presidente Trump busca cumplir sus objetivos migratorios.
Foto: Chip Somodevilla / Getty Images

WASHINGTON, DC – Si todavía pone en duda cuán envalentonado está Donald Trump tras presuntamente ser “exonerado” de colusión en la trama rusa, para muestras varios botones de los pasados días y horas: amenazó con “cerrar” la frontera con México por la crisis humanitaria que él mismo ha creado y exacerbado con sus políticas migratorias; su Secretaria de Seguridad Nacional (DHS) quiere que el Congreso le permita deportar de forma expedita a menores no acompañados que sean detenidos, incluyendo aquellos que quieran solicitar asilo; y su Departamento de Estado suspendió la ayuda exterior de unos $500 millones de dólares a El Salvador, Guatemala y Honduras porque no han hecho lo suficiente para frenar la salida de migrantes. Las mismas naciones que Fox TV, el canal oficial de la Casa Blanca, describió el domingo como “3 países mexicanos”.

La intensificación de la ya de por sí cruel política migratoria de esta administración no es casualidad.

Ya Trump había implementado medidas nefastas que todavía siguen afectando a miles, entre ellas la separación de familias en la frontera, el encierro de niños y menores en jaulas, muchos de los cuales se han extraviado en el sistema y siguen sin ser reunificados con sus familiares; al menos dos menores, que se sepa, han fallecido en custodia de autoridades migratorias, sin contar los que alegan haber sido víctimas de abuso sexual o físico.

Su gobierno intenta deshacer las leyes de asilo para evitar que migrantes centroamericanos que vienen huyendo para salvar sus vidas puedan solicitar refugio en Estados Unidos. Tras su ingreso, muchos migrantes son devueltos a México mientras llegue la fecha de su audiencia.

Según el gobierno de Trump, todo esto tiene el fin de “disuadir” a otros migrantes que planifiquen hacer la travesía al norte.

Pero la realidad es otra. A Trump no le interesa disuadir a ningún migrante. Su intención ha sido generar una crisis migratoria para explotarla políticamente y mantener el favor entre su base de apoyo.

Así lo hizo a fines del año pasado, cuando provocó un cierre del gobierno por 35 días demandando que se financiara el muro fronterizo, que poco le importa pero que también utiliza para atizar a su base.

Las políticas migratorias de cero tolerancia, la manipulación de las leyes de asilo y otros factores han contribuido al caos que se está viviendo en la frontera. Es decir, que Trump genera una crisis para luego convertirse en el “paladín” de su base prejuiciosa ofreciendo como “solución” su muro, el cierre de la frontera o “castigar” a los países emisores de migrantes, quitándoles fondos que irónicamente se destinan a organizaciones no gubernamentales que buscan abordar la violencia y las carencias económicas que empujan a los migrantes a salir de sus países de origen.

Porque nadie por gusto atraviesa países, ríos y desiertos con hijos a cuestas para llegar a la frontera estadounidense, entregarse a las autoridades migratorias para solicitar asilo, como lo define la ley, para luego ser devuelto a México como un paria, o encerrado como ganado debajo de un puente de una autopista en El Paso, Texas, sin ningún tipo de servicios y durmiendo a la intemperie.

Ahí están expuestos al hambre, a las inclemencias del tiempo, a enfermedades y a abusos, incluyendo de parte de transeúntes que les gritan improperios, según reportes de prensa.

Esto no es disuasión. Esto es crueldad a la enésima potencia. Esto es maldad, y es una vergüenza para una nación que se precia de defender valores democráticos y humanitarios.

Es maquiavélico.

Y es una manifestación de que Trump, luego de la pesquisa del Rusiagate, se siente invencible, aunque ni el Congreso ni los contribuyentes que pagamos por la investigación hayamos visto el reporte final para ver si, en efecto, lo libra de toda culpa o hay razones de peso que ameriten acciones de parte del Congreso.

Sospecho que, de no haber un acontecimiento de peso, seremos testigos de uno de los ciclos electorales más sucios de la historia reciente, porque este presidente está desatado. Se siente reivindicado y con carta blanca para impulsar su agenda extremista apoyado por sus cómplices republicanos del Congreso. Y sus seguidores harán lo que sea para defender su permanencia por otros 4 años. Que Dios nos agarre confesados.