La parte más débil del cheque de los latinos

Los beneficios son los grandes olvidados de las compensaciones de quienes menos ganan
La parte más débil del cheque de los latinos
Construcción y restaurantes son dos sectores en los que se emplean de forma mayoritaria los latinos. /Archivo
Foto: Archivo

El cheque que cobra tiene dos partes. Una de ellas, la primera en la que nos fijamos, es el salario.

Alto, bajo, suficiente o no, es lo que se embolsa para pagar la mayoría de sus facturas, necesidades y caprichos (si da para tanto). Eso supone dos tercios del cheque que se gana con su trabajo.

El tercio restante son los beneficios: su seguro médico, sus vacaciones pagadas y días por enfermedad, los planes de pensiones, las ayudas a pagar los créditos estudiantiles… Si no los tiene es una compensación que pierde y con ella la oportunidad de crear patrimonio a través de su empleo.

La desigualdad social que no ha hecho más que crecer desde los años setenta no solo se concentra en las cifras de su cheque sino también en esa parte de la compensación y tanto los afroamericanos como los latinos la sufren no solo en la cifra de lo que cobran sino también en ese tercio del cheque.

Un informe hecho público por el Institute on Assets and Social Policy de la Universidad Brandeis, verifica que la segregación ocupacional a la que se ven abocados por cuestiones históricas y sociales dejan a estas dos minorías en trabajos de bajos salarios — como los restaurantes y la construcción– y con pocos o ningún beneficio social.

Es algo que amplía la desigualdad no solo en los ingresos sino en la oportunidad de crear una red patrimonial y afianza una brecha social que es imposible de dividir de la racial.

Los latinos son, junto con los afroamericanos, los trabajadores que no solo sufren mayores tasas de desempleo sino que también los que cuando trabajan tienen menos días pagados por enfermedad, participan menos en los 401k o planes de pensiones, no siempre tienen seguro de salud y disfrutan de menos flexibilidad en el puesto de trabajo en comparación con el trabajador hombre blanco.

El informe apunta que la erosión de los sindicatos además de las políticas públicas han sido claves a la hora de exluir a muchas familias de las estructuras de beneficios de las empresas, algo que puede profundizarse con la irrupción en la política laboral que está suponiendo la economía gig o trabajos por tareas como conducir para Uber o contratarse con TaskRabbit.

Incluso cuando se tiene una formación similar los negros y los latinos tienen una paga inferior en el sector en que trabajen. De hecho, en construcción los latinos tienen la mitad de las posibilidades que sus compañeros blancos de tener con su empleo un seguro de la salud y en general menos de la mitad en cualquier empleo participa en los planes de pensiones de las empresas.

Las barreras a las pensiones privan a los trabajadores latinos de unos $9,800 al año y en el caso de la falta de cobertura de salud el bocado en la compensación es de unos $5,400.

En el cálculo que hacen los economistas encargados de este estudio, si se incluyen pensiones o seguro de salud y se igualara a las tasas de cobertura que tienen los blancos, la brecha social racial se reduciría sustancialmente. En el caso de los latinos, el patrimonio medio se incrementaría un 71% si tuvieran la misma cobertura de salud y se duplicaría si las pensiones se igualaran.

¿Qué hacer?

Los economistas sugieren varias medidas para compensar estas discrepancias.

La primera es asegurar que hay estándares básicos de seguridad económica para todos en el país.  Una red mínima en la que haya un salario mínimo que esté en consonancia con el nivel de vida de cada región, una mejora de la seguridad social y cobertura de salud para todo el mundo. Además de apoyo en el cuidado de los hijos y pre-k universal.

En segundo lugar, se sugiere que debe haber un mínimo estandarizado de beneficios laborales como vacaciones pagadas y licencias familiares que deben ser ampliadas a nivel nacional como ocurre por ley en Europa. “Las reformas políticas deben priorizar el acceso a las pensiones y la cobertura de la salud además de mejorar la calidad y la participación en estas”.

Por último se explica que hay que asegurar la oportunidad generalizada a trabajos de calidad. “Nuestro desigual y segregado sistema educativo no garantiza la aspiración nacional de proveer igualdad de oportunidades para todos”. Ni la calidad de la escuela debe estar determinada por el código postal ni el acceso a la educación ha de basarse en la capacidad de pagarla.

Qué hay en una compensación

  • Salario
  • Beneficios (seguros médicos, planes de ahorro para la jubilación, paga por enfermedad, días personales y de vacaciones además de seguros de incapacidad)
  • Flexibilidad laboral (horarios, semana comprimida, trabajo compartido…)
  • Consistencia laboral (estabilidad en el empleo, cómputo de antigüedad, horas suficientes para cualificar para beneficios)

 

La clase media se viene abajo

La clase media, la espina dorsal de una sociedad que avanza, está en una situación precaria según las cuentas que tiene la OCDE, la organización de 36 países desarrollados. Y el caso de EEUU no es una excepción.

Según esta organización es más difícil para las generaciones más jóvenes llegar a esta clase social (que son los que ingresan entre el 75% y el 200% de la mediana de ingreso nacional) de lo que lo fue para sus padres y abuelos. El 70% de los baby boomers (que ahora se están jubilando) eran clase media cuando tenían 20 años. En el caso de los milenial se trata del 60%.

Con esta rebaja ha caído también su influencia y la estabilidad económica. El problema básico es que el estancamiento de los salarios se ha instalado desde hace años en los bolsillos de los trabajadores mientras que los costos básicos de su estilo de vida: vivienda y educación, han crecido por encima de la inflación. Más de uno de cada cinco hogares de clase media gasta actualmente más de lo que gana en un momento en el que la automatización de su empleo es una amenaza latente.

En EEUU solo el 51% de la población es clase media frente al 68% de Francia, el 64% de Alemania, el 65% de Suecia y Japón. En México son el 45%, por debajo de la media de la OCDE.