Hispana ayuda a cambiar vidas con arte

Alejandra Castro Rioseco, una "feminista acérrima", es parte de los fideicomisos del Museo del Barrio y el Guggenheim
Hispana ayuda a cambiar vidas con arte
Alejandra Castro Rioseco es una filántropa de origen chileno que apoya al Museo del Barrio.
Foto: Jesús García

Además del arte, el Museo del Barrio y el Guggenheim de Nueva York tienen en común el apoyo de Alejandra Castro Rioseco, una “acérrima feminista”, como ella se autodefine, que impulsa el arte latino, particularmente el creado por mujeres.

La admiradora del trabajo de artistas como Liliana Porter y el colectivo Guerrilla Girls considera que los recursos económicos conllevan un compromiso cuando hay consciencia social. Para ella, “tener mucho” es sinónimo de “devolver”, porque el patrimonio de una familia millonaria no consiste “en sumar autos y casas”, sino en crear un legado sembrando semillas de curiosidad que acerquen a personas de bajos recursos al arte, “porque el arte puede cambiar la vida de cualquier persona”, expresa en entrevista en el recién restaurado teatro del Museo del Barrio, al que se integró por invitación del presidente honorífico, Tony Bechara.

La conversación de Castro Rioseco, casada con el empresario franco-belga Frederik Janssens, oscila entre el feminismo, las diferencias sociales, la defensa de los derechos humanos y el arte, sin poder evitar la política y la actual situación de los hispanos en Estados Unidos.

“Creo que los hispanos son un arma secreta para Estados Unidos, si sabe utilizar a sus hispanos”, expresó. “Este país está más débil a nivel mundial, sigue siendo una potencia, pero está más débil, y lo tiene así el conflicto interno… si tienes conflictos internos no puedes ser potencia afuera”.

Mientras su estilista y maquillista la arreglaba, la ingeniera civil de origen chileno –que dejó la carrera por la filantropía– destacó las virtudes de los latinos, como saber enfrentar la adversidad, su creatividad para resolver problemas. “Esa fortaleza… siento que no la están utilizando… está bien si Donald Trump me gusta o no me gusta, pero debe tomar el mundo latino como una herramienta. Es un win-win”, consideró.

Alejandra Castro Rioseco destacó la restauración del teatro del Museo del Barrio. / FOTO: JESÚS GARCÍA

Para ella la vida tampoco fue tan fácil, reconoce, ya que sus padres eran descendientes directos de inmigrantes franceses. “Podríamos decir que eran pobres”, expresó sin vergüenza, pero le compartieron su amor por el arte, especialmente la música, que la llevó a formar parte de la Federación Chopin en Chile. Al tiempo que estudiaba desarrolló su interés por otras expresiones artísticas, como las artes plásticas y la danza, pero también su intención de impulsar la voz de las mujeres, por ello fundó hace 12 años la Fundación Mujer Opina en Chile. El arte, sin embargo, no es lo único que apoya, sino también la lucha contra el cáncer en niños, a quienes considera clave para cambiar el mundo.

“Hay muchas familias en Latinoamérica que son ricas, pero que no consideran que el patrimonio es dar, patrimonio es poder tener 30 niños disfrutando un concierto de piano… Es un patrimonio intangíble”, defendió sobre su labor. “Ese primer contacto puede marcar a cualquier persona, un instante… en la medida que un niño es flexible, entiende cómo funciona el mundo, no va a ser una persona discriminadora, hay mucho trabajo que hacer respecto a eso”.

Ella se considera ciudadana del mundo, aunque guarda especial cariño por Nueva York, la cual califica como la “ciudad soñada”, donde se puede hacer todo, “si se respetan las reglas”. Actualmente pasa mayor tiempo en Dubái, donde impulsa el arte latino y aprende árabe, lengua que sumará a su español, francés e inglés, aunque este último le cueste “mucho trabajo”, reconoce, sobre el cual narra una de sus más preciadas anéctdotas.

“El año pasado fui elegida para hacer el ‘speech’ de la gala anual de Ballet José Limón, en el MET”, comienza su historia acotando que su inglés es “pésimo” y ha escuchado las críticas de estadounidenses cuando se refieren a los hispanos y su bajo nivel de inglés. “Un conocido me dijo: ‘Lo que más me molesta es que los latinos no hablen inglés’. Entonces le dije: es que no te imaginas lo difícil que es para los latinos aprender inglés… es muy difícil”, contó entre risas y agregó que se disculpó por su “mal inglés” y dio su discurso, el cual causó risas y aplausos. “El lugar estaba lleno de gente muy sofisticada y estaba super emocionada, se paraba a aplaudir… es una de las cosas de las que me siento orgullosa, sin sentirme menospreciada por mi inglés… fue un logro, demostré que sí se puede”.

Contar la historia de Alejandra Castro Rioseco requeriría un libro, que destaque sus aventuras y esfuerzos en Argentina y Perú, donde se siente particularmente cómoda viviendo, pero su cuenta en Instagram –la que es pública– rinde testimonio de su colaboración con artistas de distintos orígenes, así como de aquellos grupos de infantes que miran atónitos una obra de arte. Ahí está su legado intangible.