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Home ACTUALIDAD

Se fue la voz de Topo Gigio, pero nos dejó un pedazo de infancia

Por Orlando Campero
octubre 1, 2026
en ACTUALIDAD, COMUNIDAD, DSHOW, ENTRETENIMIENTO
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Se fue la voz de Topo Gigio, pero nos dejó un pedazo de infancia
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Peppino Mazzullo, la voz original del ratoncito que acompañó a generaciones enteras, murió a los 100 años. En América Latina quizá pocos conocían su rostro, pero millones crecimos escuchando al personaje que ayudó a convertir en un símbolo de ternura.

Hubo un tiempo en América Latina en que la noche tenía otro sonido. No había teléfonos celulares sobre la mesa ni una pantalla distinta en cada habitación. Había un televisor en la sala, unos cuantos canales y una familia reunida alrededor de aquella caja que, sin saberlo, iba archivando nuestros recuerdos.

De repente un día apareció Topo Gigio. Pequeño, orejón, ingenuo, enamoradizo. Con aquella vocecita que parecía pedir permiso hasta para entrar en nuestras casas. Muchos niños latinoamericanos se fueron a dormir después de verlo. Y muchos escucharon una frase que terminó convertida en parte del lenguaje familiar: “A la camita, a la camita”.

Este miércoles 30 de septiembre murió Peppino Mazzullo, el actor italiano que durante más de cuatro décadas fue la voz original de Topo Gigio. Tenía 100 años. Se fue en Santo Stefano di Briga, en Sicilia, el mismo lugar donde había nacido un siglo atrás.

Para América Latina su nombre probablemente no diga tanto como el del ratoncito. Ese fue, quizás, el precio de vivir detrás de un personaje. Mazzullo podía caminar por una calle sin provocar el revuelo que provocaba Topo Gigio. Pero cuando abría la boca y aparecía aquella voz, desaparecía el hombre y regresaba el niño.

El ratoncito que cruzó el océano

Topo Gigio había sido creado por la italiana Maria Perego y Mazzullo se encontró con él en 1961. Siempre recordó aquel momento con una mezcla de humor. El muñeco todavía era rudimentario, el pegamento no aguantaba demasiado y tampoco parecía destinado a conquistar el mundo. Peppino lo tomó entre sus manos y comenzó a hacerlo hablar, ahí nació algo.

Mazzullo contó que Gino Bramieri, que estaba presente, le pidió que no olvidara aquella voz porque algún día podía hacerlo famoso y acertó. Topo Gigio salió de Italia, llegó a Estados Unidos, apareció en The Ed Sullivan Show y terminó viajando mucho más lejos de lo que probablemente imaginaron quienes lo construyeron.

En América Latina encontró otra casa

México, Argentina, Venezuela, Colombia, Puerto Rico y buena parte del continente lo adoptaron. Tuvo voces locales, programas, discos y nuevas historias. Ya no importaba demasiado dónde había nacido. Topo Gigio terminó perteneciendo a esa patria extraña que forman los recuerdos de infancia.

Y quienes crecimos con él no necesitábamos saber quién movía el muñeco ni quién había inventado aquella voz. Cuando uno es niño no pregunta esas cosas, simplemente las cree.

Cuando la televisión también arropaba

Quizás por eso su muerte despierta una melancolía difícil de explicar a quienes nacieron en la era de YouTube y TikTok. No estamos despidiendo solamente a un actor italiano, estamos despidiendo un pedacito de una televisión que ya no existe.

Aquella televisión latinoamericana donde los programas llegaban a la casa y toda la familia terminaba conociendo a los mismos personajes. El Topo Gigio que veía un niño en México podía ser también el amigo de otro en Colombia, Argentina o Puerto Rico. Cambiaban los acentos, cambiaban las ciudades, pero la ternura era la misma.

Topo Gigio no tenía poderes. No salvaba planetas. Ni siquiera pretendía ser valiente, era vulnerable.

Quería cariño, se enamoraba, hacía preguntas, decía disparates y pedía mimos. En un mundo de personajes que querían ser héroes, aquel ratoncito simplemente quería que lo quisieran. Y tal vez por eso sobrevivió.

Mazzullo entendía muy bien aquella relación. Nunca le gustó que lo redujeran a la categoría de actor de doblaje. Decía que él no había recibido una voz para reproducirla. La había creado. Había encontrado dentro de sí el sonido de aquel animalito y, al hacerlo, había contribuido a darle personalidad.

Lo acompañó desde 1961 hasta 2006. Cuarenta y cinco años hablando por alguien que no podía hablar.

El último cumpleaños

El pasado 6 de junio, Peppino Mazzullo cumplió cien años. En Santo Stefano di Briga salieron a celebrarlo. Hubo una torta con el número 100, vecinos, recuerdos y homenajes. Y ocurrió algo hermoso. Aquel anciano que ya llevaba un siglo encima volvió a hacer la voz de Topo Gigio.

Por un instante, Peppino tenía cien años, el ratoncito seguía siendo un niño.

Casi cuatro meses después, Mazzullo murió en su casa. Su familia dijo que se fue serenamente.

La noticia viajará ahora por el mismo continente que alguna vez recibió a su personaje. Y seguramente provocará algo curioso. Hombres y mujeres que ya peinan canas buscarán un viejo video. Escucharán aquella voz y sonreirán.

Después vendrá el golpe, porque la nostalgia funciona así. Primero nos devuelve algo y enseguida nos recuerda cuánto tiempo ha pasado.

Nuestros padres eran jóvenes, nuestros abuelos todavía estaban y nosotros cabíamos en un sofá mientras la noche parecía larguísima. No sabíamos de cuentas por pagar, enfermedades, despedidas ni calendarios. Solo sabíamos que había llegado Topo Gigio y que después vendría la cama.

Hoy murió Peppino Mazzullo. El hombre detrás de aquella voz tenía 100 años y vivió lo suficiente para comprobar que el pequeño ratón que un día tomó entre sus manos había conseguido algo que ningún titiritero puede fabricar y que ni siquiera el paso del tiempo ha podido borrar. Quedarse a vivir en la memoria de varias generaciones alrededor del mundo.

Porque algunos personajes desaparecen cuando termina el programa, mientras otros encuentran un lugar en algún rincón de nuestra infancia y se quedan allí para siempre. Basta escuchar nuevamente “a la camita, a la camita” para que ocurra algo que solo pueden conseguir los recuerdos y, aunque sea por unos segundos, volvamos a la niñez.

Tags: Topo Gigio
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Comments 1

  1. LINDA PEREZ says:
    16 horas hace

    Como no recordarlo Su dulce voz nos hacia vibrar e ir a la cama. Esperabamos su señal para irnos a Acosta. Ahora descansa en Paz, Topo Gigio. Desde Puerto Rico con Amor.

    Responder

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