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José “Piculín” Ortiz: El gigante que enseñó a Puerto Rico a creer en lo imposible  

La Prensa Orlando Por La Prensa Orlando
5 de mayo de 2026
in BREAKING NEWS, DEPORTES, ESTADOS UNIDOS, PUERTO RICO
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José “Piculín” Ortiz: El gigante que enseñó a Puerto Rico a creer en lo imposible  
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José Rafael “Piculín” Ortiz Rijos fue mucho más que un jugador de baloncesto. Fue un símbolo, un orgullo nacional, un gigante que llevó a Puerto Rico en el corazón y que, con cada rebote, cada defensa y cada mirada desafiante hacia los rivales más poderosos del mundo, enseñó a su pueblo a creer en lo imposible. Su partida deja un vacío inmenso, pero también un legado que seguirá vivo mientras exista un niño soñando con un balón en las manos.

Desde Cayey, su pueblo natal, surgió aquel joven alto y tímido que pronto descubriría que su estatura no era solo un rasgo físico, sino una responsabilidad. Piculín creció entendiendo que su talento podía abrir puertas, pero también que el sacrificio, la disciplina y la humildad eran los pilares que sostienen a los verdaderos grandes. Quienes lo vieron formarse recuerdan a un muchacho dedicado, respetuoso, siempre dispuesto a aprender y a trabajar más que los demás. No buscaba aplausos; buscaba superarse.

Con el tiempo, ese joven se convirtió en el rostro del baloncesto puertorriqueño. Durante más de dos décadas, Piculín fue la figura central de la Selección Nacional, el jugador que imponía respeto en la pintura y que, con su liderazgo silencioso pero firme, inspiraba a sus compañeros a darlo todo. Su participación en cuatro Juegos Olímpicos y múltiples Campeonatos Mundiales no solo lo colocó entre los atletas más destacados de la historia de Puerto Rico, sino que también lo convirtió en un embajador deportivo ante el mundo. Cada vez que vestía el uniforme nacional, lo hacía con una pasión que trascendía el deporte. Para él, representar a Puerto Rico era un honor sagrado.

Su talento lo llevó al Draft de la NBA en 1987, un logro que marcó un antes y un después para el baloncesto boricua. Aunque su paso por la liga estadounidense fue breve, su impacto en Europa fue extraordinario. Equipos de renombre como el Real Madrid y el FC Barcelona lo acogieron como una pieza clave, reconociendo en él no solo a un jugador dominante, sino a un profesional ejemplar. En cada cancha donde jugó, dejó una impresión imborrable: la del boricua que nunca se achica, que lucha, que se entrega, que compite con el alma.

En 2019, su exaltación al Salón de la Fama de FIBA confirmó lo que Puerto Rico sabía desde hacía décadas: Piculín era una leyenda mundial. Pero más allá de los reconocimientos, su grandeza se medía en la forma en que tocaba vidas. Miles de jóvenes crecieron viéndolo como un modelo a seguir, como la prueba viviente de que los sueños grandes también nacen en pueblos pequeños. Su historia inspiró a generaciones a creer en sí mismas, a trabajar duro, a no rendirse.

Piculín también fue un hombre cercano a su gente. En cada actividad comunitaria, en cada conversación con fanáticos, en cada gesto de cariño hacia los niños que lo admiraban, demostraba que su corazón era tan grande como su figura. Nunca olvidó de dónde venía, y siempre llevó a Puerto Rico consigo, sin importar en qué parte del mundo estuviera.

Su partida deja tristeza, pero también un profundo agradecimiento. Agradecimiento por las victorias que celebramos con él, por las derrotas que enfrentamos juntos, por los momentos en que nos hizo sentir que Puerto Rico podía desafiar a cualquiera. Agradecimiento por su entrega, por su ejemplo, por su amor al país.

Hoy, el gigante descansa, pero su legado permanece. En cada cancha de barrio donde un niño lanza su primer tiro. En cada fanático que recuerda sus hazañas con emoción. En cada puertorriqueño que siente orgullo al pronunciar su nombre. José “Piculín” Ortiz no fue solo un atleta extraordinario; fue un símbolo de identidad, de lucha y de esperanza. Un gigante que, aun después de partir, sigue elevando a su pueblo.

Puerto Rico lo despide con el corazón en la mano, pero también con la certeza de que su historia será contada una y otra vez, como se cuentan las historias de los héroes que nunca mueren. Porque Piculín no se va: se queda en la memoria, en la cultura, en el alma de un país que lo amó profundamente.

Descanse en paz, Piculín. Su grandeza será eterna.

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