La Serpiente, la Luciérnaga… y otras mentiras inducidas

Sobre la vida y los benditos concursos de belleza

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Cuando vemos un concurso de belleza, tenemos que estar listos para escuchar esa clásica, predecible y tonta pregunta…  ¿Si tuvieras que cambiar algo en tu vida, que sería…? Y obvio, tenemos también que esperar la todavía más tonta respuesta… “No cambiaría nada porque cada experiencia del pasado, me ayudó a forjar al ser humano que soy hoy…”

Estar conformes con quienes somos, es hermoso. Pero quizás, pensando de esta manera podríamos estar limitando nuestro proceso evolutivo. Es posible que pensemos así porque estamos condicionados para hacer y decir lo que pensamos que los demás quieren ver y escuchar de nosotros, como si complacerlos fuera la meta de nuestra vida; como si necesitáramos su validación y permiso para caminar en este lapso de tiempo que una vez decidimos tomar… o en el peor de los casos,  OBLIGADOS A CAMINAR por las circunstancias, la coacción… o el auto boicot. Si, porque en ocasiones caminamos rutas trazada por otros, alejándonos de la nuestra; equivocación nefasta, si consideramos que en los caminos de la vida no siempre hay una intersección más adelante en la que podamos hacer un viraje en U.

Esto no es un concurso de belleza… SE TRATA DE NUESTRA VIDA. Si el Universo me diera la oportunidad de regresar unos pasos atrás, definitivamente cambiaría muchas cosas. Al final del camino, igual seré producto de mis acciones, mis vivencias y mi toma de decisiones, pero quizás un poco más conforme, no necesariamente con lo que soy, pero sí con el camino recorrido… o con la forma en que lo caminé, que creo es lo realmente valioso.

Daría menos… o tal vez lo mismo, pero a otro tipo de personas. Entregaría menos mi corazón… o tal vez sólo si la equidad formara parte de la ecuación.

Repartiría menos besos… ALGUNOS BESOS COMPROMETEN, VULNERAN Y ESCLAVIZAN.

Concedería menos títulos… LAS PERSONAS CON TÍTULOS FÁCILES, SE VUELVEN DIFÍCILES.

Haría tantas cosas nuevas y abortaría tantas cosas viejas. Pondría menos la mejilla. La puse demasiadas veces; no por católico, más bien porque la dignidad cegaba mis sentidos… y peor aún, mi ENTENDIMIENTO. Pero el tiempo y el camino me enseñaron que hay otro tipo de acciones que dignifican más. Las acciones que te protegen de la escoria, te dignifican… y las que, a conciencia te apartan del despeñadero, te reivindican contigo mismo, porque son un acto supremo de amor propio.

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Ciertamente, aunque cambiaría muchas cosas, ya no puedo regresar al camino que dejé atrás, pero sí puedo tratar nuevas rutas, sobre todo si yo mismo soy quien las traza. Las bifurcaciones que dejamos atrás, ya no hacen camino, pero nos dan proyección pues son parte de nuestro equipaje. Siempre estamos en posición de hacer ajustes a nuestra ruta; mientras haya un soplo de vida, tendremos la posibilidad de imprimir huellas en el suelo, para cuando ganemos nuestro concurso personal, podamos decir NO… NO ME ARREPIENTO.

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