
Por Fausto Pérez Villarreal
Especial para La Prensa
“No me considero revolucionario ni nada por el estilo. Más bien, soy un estudioso infatigable del piano. Hago música para divertirme y hacer gozar a la gente. Eso sí, siempre tratando de imponer mi sello personal, de no parecerme a los demás. Después de mi hermano Charlie, mi maestro por excelencia, mi inspirador supremo en la ejecución del piano fue Lino Frías. Hubo pianistas mejor preparados que ese negrito cubano, con mayores estudios, pero ante ese señor, que no tuvo una férrea formación académica, me inclino y reverencio su existencia. Él, a mi juicio, fue el más grande de todos en la ejecución del piano”.
La voz de Eddie Palmieri, alegre y potente, suena con una frescura contagiosa que atraviesa el tiempo y se conserva intacta en la grabación de aquella entrevista que sostuvimos en septiembre de 2006, hace casi 19 años, en el camerino del Teatro Municipal Amira de la Rosa, previo a su accionar en la décima edición del Barranquijazz, donde actuaría con su banda de Latin Jazz, en la que figuraban, entre otros, el percusionista Giovanni Hidalgo y el bajista Joe Santiago. Palmieri allternaría con el pianista colombiano Edy Martínez y el contrabajista cubano Israel López ‘Cachao’.
Para Palmieri era su debut en el Festival de Jazz Barranquijazz, luego de varios infructuosos intentos por parte de los organizadores de la Fundación Cultural Nueva Música para traerlo, desde 1997.
El veterano pianista, en ese entonces cercano a los 70 años, estaba acompañado de su esposa Iraida. “Ella es mi luz, mi fiel compañera. Va conmigo a todas partes. Me regaló cinco hermosos hijos”, anotó el maestro.
Esa entrevista y la fotografía que nos tomó Julio Charris, las conservo como dos de mis mayores tesoros periodísticos. Hoy cobran capital importancia tras la muerte del excelso teclista, el pasado 6 de agosto, a los 88 años, en Nueva York, tras padecer una larga enfermedad, según dio a cocer, a través de las redes sociales, su hija menor Gabriela Sebastián Palmieri, sin dar más detalles.
El maestro Eddie había venido por primera a la capital del Atlántico en agosto de1981. Se presentó con su hermano Charlie en la caseta La Tremenda.
Su tercera y última actuación, en nuestra ciudad, sería también en un Barrnquijazz, en septiembre de 2011. Sería su última visita; se presentaría con su orquesta La Perfecta, en el salón Jumbo del Country Club. También dialogamos en aquella oportunidad, en la que trajo en su nómina de músicos al tresero cubano Nelson González y los trombonistas Jimmy Bosch y el Pequeño Johnny.
De ascendencia puertorriqueña, Eduardo Palmieri Morales, como era su nombre de pila, había nacido el 15 de diciembre de 1936 en el Spanish Harlem Nueva York, pero se criaría en el Bronx, uno de los cinco distritos metropolitanos de la urbe conocida como ‘La Babel de Hierro’. Su inclinación por la música, Eddie la enseñó desde su más tierna edad.
Con el discurrir de los años, él y su hermano Charlie, nueve años mayor, no solo se convirtieron en dos estupendos pianistas, sino que contribuyeron en la evolución del sonido de la salsa y el jazz latino. Ambos, por separado; Charlie, con su Charanga Duboney, y Eddie, con su Orquesta La Perfecta, revitalizaron la música afrocubana con la sofisticación armónica del jazz, creando un lenguaje musical único y poderoso.
“Charlie era el pianista de la casa. Era mi protector y era mucho más sano que yo. Sin embargo, se fue de este mundo muy joven, cuando aún tenía mucho que dar. En principio, yo tocaba los timbales, pero cargar con esos instrumentos para todos lados, me aburrió. Fue así como me incliné por el piano”, recordó.
Al despuntar la década de los 60, con 24 años, y después de haberse fogueado en diferentes etapas bajo la conducción de instituciones musicales de la talla de Johnni Segui, Vicentico Valdés y Tito Rodríguez, Eddie Palmieri fundó su conjunto, ‘La Perfecta’, fortalecido con músicos de altísimo nivel como el trombonista Barry Rogers, el flautista George Castro, el bajista Joe Rivera y el bongosero Manny Oquendo.
El sonido gordo de la percusión y el de los vientos eran nivelados por la privilegiada voz de Ismael Quintana, a quien reclutó de la banda Orlando Marín.
“El nombre del conjunto fue idea de Al Santiago, productor del sello Alegre Récords. Lo dio en el mismo estudio de grabación, cuando estábamos grabando la canción ‘El Gavilán’, que tiene un estribillo que dice así: “el baile que no molesta, con montuno es La Perfecta”. Entonces, Al dijo: “ese es el nombre del conjunto: La Perfecta. Quintana lo dice ahí”.
La Perfecta sacó a la luz su primer producto en 1962. Fue un LP de 12 canciones titulado ‘Eddie Palmieri La Perfecta’. A partir de ahí, se escribiría un capítulo emotivo, fructífero y trascendente, en ese movimiento popular que más tarde sería denominado Salsa. De igual modo, el maestro Palmieri dejaría su impronta con sus acordes disonantes.
Tras la publicación del batatazo ‘El molestoso’, en 1963, Palmieri revolucionaría, en 1965, el mundo de la música afroantillana con la publicación de una descarga de 9 minutos y 26 segundos, demasiado larga para la época, titulada ‘Azúcar’, que a la postre sería el éxito del long play ‘Sugar for you’, publicado por Tico Récords. Al igual que ‘El molestoso’, que tanto le gustaba a Héctor Lavoe, ‘Azúcar’ sería vocalizada por Ismael Quintana.
“La clave lo es todo; sin clave, no hay nada”, me dijo el maestro Palmieri en esa segunda visita a Barranquilla, en el camerino del Salón Jumbo.
El sonido de La Perfecta continuó ganando adeptos y creando un sonido cautivador, principalmente por las mágicas manos del sensacional pianista.
Junto a La Perfecta, Eddie Palmieri ganó adeptos, pero su proyecto se disolvió en 1968. Su cantante Ismael Quintana y su trombonista Barry Rogers se fueron con las Estrellas de Fania. El maestro seguiría su curso. En 1971 lanzó al mercado el que sería otro de sus más sonoros bombazos: ‘Vámonos pa’l Monte’, en el que participaría, como organista invitado, su hermano Charlie Palmieri.
Respaldado por un equipo de lujo, en el que sobresalieron el arreglista René Hernández, el bajista Eddie ‘Guagua’ Rivera, el flautista y saxofonista Mario Rivera, los coristas Jimmy Sabater y Willie Torres y un joven cantante, de solo 16 años, llamado Lalo Rodríguez, Eddie Palmieri presentó a consideración de los amantes de la música popular, en 1975, un trabajo experimental de seis canciones, titulado ‘The sun of latin music’, en el que combinó elementos de la música afrocubana con el jazz. Los frutos tendrían su repercusión al año siguiente, con la obtención del gramófono dorado en la categoría Mejor Grabación Latina en la décimo octava edición de los Premios Grammy. Sería la primera vez que un exponente de América Latina obtenía ese galardón. El Grammy lo ganaría en otras seis oportunidades, sin incluir el Premio a la trayectoria de la Academia Latina de las Artes y la Ciencias de la Grabación, en noviembre de 2013.
El legado del maestro Eddie Palmieri es inmortal: rompió con las estructuras tradicionales del son montuno al incorporar secciones de metales agresivas, arreglos complejos y una marcada improvisación pianística.
Su enfoque audaz y experimental no solo redefinió la salsa, sino que también abrió nuevas puertas para la integración del jazz con las músicas del Caribe, dejando una huella imborrable en la música latina contemporánea.
Otras de sus canciones icónicas son ‘Tema la Perfecta’, ‘El molestoso’, ‘Lo que traigo es sabroso’, ‘Solito’, ‘Ritmo caliente’, ‘Ajiaco caliente’, ‘Palo pa’ rumba’, ‘Páginas de mujer’, cantado por Cheo Feliciano con arreglos del colombiano Francisco Zumaqué, ‘Muñeca’, ‘Yo vengo de Puerto Rico’, ‘Yo no soy guapo’, ‘Sabroso guaguancó’, ‘Caminando’, ‘Oye lo que te conviene’, ‘La malanga’, ‘Justicia’, ‘Así es la humanidad’, ‘El día bonito’, ‘Puerto Rico’ y ‘El cuarto’, cantado por Tony Vega, ganador del Grammy Latino.
Sencillamente, Eddy Palmieri, el arquitecto indomable del piano fue, es y será mucho más que un músico. Es un alquimista de sonidos que transformó la música afroantillana en pura magia.
