En medio de la escalada entre Israel e Irán, latinos residentes en Israel, describen cómo la tensión se ha convertido en parte estructural de la vida cotidiana
Mientras aumenta la tensión entre Israel e Irán, la incertidumbre ha dejado de ser una excepción para convertirse en parte estructural de la vida cotidiana. Para los latinos que residen en el país, la rutina continúa entre alertas de defensa civil, refugios y decisiones estratégicas que se toman casi a diario. “La vida sigue, pero siempre cerca del refugio”, resume Ilan Ghitelman en entrevista con La Prensa. Original de Colombia, pero con ascendencia judía lleva más de dos décadas en Israel, donde combina su experiencia personal con una lectura geopolítica de un conflicto que, advierte, no es coyuntural sino de largo alcance.
Licenciado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, Ghitelman ofrece una mirada que combina experiencia personal y lectura geopolítica del conflicto.
De la tensión prolongada a la acción militar
Las primeras horas tras los ataques no fueron, en su opinión, un hecho aislado, sino el desenlace de semanas de especulación diplomática y amenazas cruzadas. “Llevábamos casi dos meses con la duda de si habría guerra o un acuerdo sobre el programa nuclear iraní. La vida cotidiana estaba en pausa”, explica.
La incertidumbre no solo era política, sino que la población esperaba posibles cierres del espacio aéreo, cancelación de vuelos, dudas sobre regresar al país si se salía. “Cuando tienes familia aquí, cualquier decisión se vuelve estratégica”.
Fue el sábado a las 8:00 de la mañana. Las alarmas de defensa civil marcaron el inicio de una nueva fase. En Israel, dice Ghitelman, el protocolo de seguridad es una práctica diaria: buscar refugio en menos de diez minutos y seguir instrucciones oficiales. Las viviendas modernas cuentan con habitaciones reforzadas; en zonas antiguas, existen refugios comunitarios.
La rapidez con la que se activa este sistema refleja un país que ha institucionalizado la preparación ante amenazas externas.
Con la mayor parte de su familia en el exterior, incluida Colombia, señala que la narrativa internacional suele amplificar el dramatismo.

“Las noticias muestran lo más alarmante. La realidad cotidiana tiene tensión, sí, pero también continuidad”, sostiene.
Residentes en Israel que solicitaron mantener su identidad en reserva por motivos familiares describen una población civil que, pese a la tensión, responde con una especie de mecanismo automático ante las emergencias.
“Es como si se prendiera un interruptor en la cabeza”, explicó una de las fuentes. “La gente está acostumbrada. Probablemente sea similar a lo que ocurre en Estados Unidos cuando se aproxima un huracán: la población se prepara, hay calma, pero también precaución”. Según relatan, las calles permanecen con poca circulación y la mayoría sigue estrictamente los protocolos de seguridad.
Un conflicto estructural, no coyuntural
Desde el punto de vista geopolítico, la confrontación entre Israel e Irán no responde únicamente a un intercambio puntual de ataques, sino a una rivalidad estratégica de largo plazo.
Irán ha sido identificado por Israel como su principal adversario regional, especialmente por su programa nuclear y su apoyo a actores armados en Medio Oriente. Para Jerusalén, impedir que Teherán consolide capacidad nuclear es una línea roja existencial.
“Cuando un régimen amenaza tu existencia, debes dejar los puntos claros”, afirma Ghitelman. “Siempre queremos la paz, pero no a costa de nuestra seguridad”.
En ese marco, la actual operación militar es interpretada por sectores israelíes como una acción preventiva, más que como una ofensiva expansiva. No obstante, el riesgo de escalada regional sigue latente, especialmente si actores aliados de Irán entran directamente en el conflicto.
La vida bajo control de defensa civil
En lo inmediato, el impacto es interno. Las autoridades de defensa civil determinan qué sectores operan, si las escuelas abren o si el trabajo se realiza de manera virtual. Supermercados y hospitales permanecen activos, mientras gran parte de las instituciones funcionan con restricciones.
“Vivimos día a día según las indicaciones oficiales”, explica.
La tecnología de intercepción de misiles ofrece un alto nivel de protección, pero no elimina completamente el riesgo. “Sabemos que no es 100% efectiva. Siempre existe el temor de que algo caiga cerca de tu casa”.
Memoria reciente y comparación histórica
Ghitelman recuerda que en el mes de junio del año pasado hubo otro enfrentamiento directo entre ambos países, conocido informalmente como la “guerra de los 12 días”. A su juicio, ese episodio fue más intenso en términos de intercambio militar, aunque la duración fue limitada.
La diferencia ahora es el contexto regional más amplio y la incertidumbre sobre la duración del conflicto. “No sabemos cuánto va a durar. Como ciudadano, no tengo esa información”.
Comunidad latina y percepción internacional
En cuanto a la comunidad latina en Israel, destaca la cohesión y el intercambio constante de información y apoyo, especialmente en momentos de crisis.
Ghitelman se define como colombiano e israelí. Llegó joven al país y ha vivido distintas etapas de conflicto. Para él, la resiliencia nacional es parte de la identidad colectiva.
“Uno se acostumbra, pero nunca es fácil”, dice.
En el plano geopolítico, el desenlace dependerá de factores que trascienden a la sociedad civil: decisiones estratégicas en Teherán y Jerusalén, el rol de Estados Unidos y la reacción del resto de la región.
Mientras tanto, para quienes viven allí, la rutina continúa bajo sirenas intermitentes y cálculos diarios de riesgo.
“Lo que buscamos es vivir en paz con nuestros vecinos. Pero cuando sientes que tu existencia está amenazada, la incertidumbre deja de ser una excepción y se convierte en parte de la vida”.
Uno de los entrevistados contó que vive en un apartamento pequeño sin habitación reforzada, por lo que decidió trasladarse temporalmente a la vivienda de una familia cercana que cuenta con un refugio más adecuado. “Es mejor pasar estos momentos acompañados y en un lugar más seguro”, señaló.
La rutina diaria gira en torno a las alertas. Debido a que los misiles son lanzados desde Irán, existe un margen aproximado de diez minutos entre la advertencia y el posible impacto, lo que permite cierta preparación. “Ayer salíamos del refugio a intentar hacer un café y apenas el agua comenzaba a hervir, sonaba otra alarma y teníamos que volver a entrar”, relató.
Las noches también se ven interrumpidas. “Nos acostamos alrededor de la una de la madrugada y a las tres tuvimos que regresar al refugio. Estuvimos allí cerca de una hora. Luego volvimos a dormir y a las cinco volvió a sonar la alarma”.
Según se dijo la población israelí respalda la alianza con Estados Unidos. “Israel valora profundamente la coalición actual. Es impresionante el nivel de cooperación”, afirmaron.
Sobre las expectativas, señalaron que dentro de sectores de la sociedad israelí existe la percepción de que el conflicto, aunque doloroso, es visto como un costo difícil pero necesario frente a lo que consideran una amenaza estructural. “Nadie quiere que muera gente. Hay desagrado por la guerra. Pero también existe la esperanza de que esta vez se pueda resolver de forma definitiva”.
Al mismo tiempo, diferenciaron entre el régimen iraní y su población. “El pueblo iraní es un pueblo hermoso. Hay respeto histórico entre judíos y persas. Muchos sienten que han vivido décadas bajo una dictadura muy dura y desean que algún día puedan ser libres”.
Según estas voces, el desenlace del conflicto podría redefinir el equilibrio regional. “Si esto cambia la dinámica actual, podría abrir la puerta a un nuevo Medio Oriente, uno donde se pueda convivir en paz con más vecinos”.
