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María Elena Vázquez se retira, pero deja un legado de ayuda y apoyo al emprendedor

Roxana de la Riva Por Roxana de la Riva
13 de diciembre de 2024
in COMUNIDAD
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María Elena Vázquez se retira, pero deja un legado de ayuda y apoyo al emprendedor
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María Elena Vázquez, originaria de Coahuila, llegó a los Estados Unidos en 1987, pero su trayectoria como cosmetóloga y emprendedora comenzó mucho antes, en su tierra natal. Estudió cosmetología en Monterrey, y desde entonces, su visión y determinación la llevaron a construir un legado en el mundo de la belleza y el bienestar.

“Desde pequeña, siempre fui muy visionaria”, comenta María Elena. “Me veía como empresaria, maestra o trabajando con otras personas. A los 15 años, decidí que quería llegar lejos y empecé a trazar mi camino”.

Con tan solo 17 años, María Elena abrió su primer negocio en un pequeño pueblo de Coahuila. “Era un espacio muy humilde, donde me dedicaba a cortar puntas. Aunque era algo pequeño, sabía que ese sería solo el inicio”, recuerda.

Al poco tiempo, María Elena decidió expandir sus horizontes. Se trasladó primero a Piedras Negras, donde trabajó en un salón que le mostró el potencial de la industria, y luego, a Monclova. En esta ciudad, en 1980, estableció su primer salón formal, al que llamó Salón de Belleza Marlene. “Fue un proyecto más grande y bien estructurado. Me enfoqué en aprender de diferentes lugares y tomar ideas para crecer”.

María Elena siempre buscó formas creativas de destacar en su campo. En 1980, participó en el concurso de Miss Coahuila, lo que le permitió conectarse con nuevas personas e ingresar a un nivel más alto en su carrera. Aprovechó la visibilidad que ganó para promocionar su negocio y establecer su nombre en el ámbito de la belleza en el estado.

Incluso llegó a la televisión, donde durante un año impartió clases de gimnasia rítmica reductiva. “Daba segmentos de 15 minutos. Aproveché cada oportunidad para invitar a las personas al Salón de Belleza Marlene. Era un espacio que combinaba belleza y bienestar”.

Después del éxito en Monclova, María Elena abrió un segundo salón en Sabinas, Coahuila, en 1981. Además, estableció un gimnasio especializado en gimnasia rítmica reductiva. “Ofrecía sesiones personalizadas en horarios muy tempranos, de 6 a 8 de la mañana. Me enfoqué en atender las necesidades específicas de mis clientas, como reducir el abdomen o tonificar ciertas áreas del cuerpo”.El espíritu emprendedor de María Elena la llevó a considerar abrir una escuela de belleza. Gracias a las conexiones que estableció con figuras políticas de Coahuila durante el concurso de Miss Coahuila, pudo colaborar con el DIF (Desarrollo Integral de la Familia), una institución gubernamental que la ayudó a desarrollar su idea de empoderar a otras mujeres a través de la formación en cosmetología.

Hoy, María Elena recuerda con orgullo sus inicios y cómo cada pequeño paso la llevó a construir un legado. Desde los salones de belleza hasta la televisión, su pasión por la belleza y el bienestar, combinada con su visión empresarial, la ha convertido en un ejemplo de perseverancia y éxito.

Su historia es un recordatorio de que los sueños, cuando se combinan con trabajo arduo y determinación, pueden abrir puertas inimaginables y marcar una diferencia significativa en la vida de quienes los rodean.

María Elena creó un espacio educativo que permitió a muchas personas, especialmente colombianos y dominicanos, obtener las licencias necesarias para ejercer la cosmetología en Estados Unidos. “Mi escuela fue un escalón para darles la oportunidad de obtener su licencia y entrenarlos. Una vez que armaba un salón, buscaba entre los alumnos a alguien con deseo y perseverancia para traspasárselo. Así surgieron negocios como Tijeras de Oro, Cleopatra y otros salones bajo el nombre de Marleny Salón“, recuerda.

Su enfoque era claro: identificar en sus estudiantes el hambre de aprender, la responsabilidad y la perseverancia. Estas cualidades eran esenciales para ella a la hora de apoyar y guiar a alguien en el camino hacia el éxito. “Siempre buscaba conocer a las personas a fondo, ser su amiga y ayudarlas a superar cualquier obstáculo, cambiando pequeños detalles en su vida que podían marcar una gran diferencia”, comparte.

Aunque su escuela de belleza fue un pilar en su trayectoria, las circunstancias la llevaron a convertirla en un salón de belleza que luego vendió a una dominicana con grandes habilidades. “Siempre me rodeé de personas que querían aprender y mejorar, y sentí que mi fuerte era seguir entrenándolas, dándoles tips y herramientas para salir adelante”.

Nueva York: Un Capítulo de 15 Años

Durante 15 años en Nueva York, María Elena no solo dirigió su escuela y salones, sino que también inspiró a muchos a seguir sus pasos. Su fórmula para detectar a los futuros emprendedores estaba basada en observar su deseo de superación, perseverancia y responsabilidad. “Siempre les inculqué el amor por lo que hacían. Era importante para mí ayudarles a encontrar su propósito y apoyarlos para que creyeran en ellos mismos”, explica.

Su decisión de dejar Nueva York fue motivada por su espíritu aventurero y el ejemplo de fortaleza de su madre. “Mi mamá siempre me decía: ‘Sé valiente, tú puedes, no llores, sigue adelante.’ Esa fue mi mayor inspiración después de Dios”, comparte María Elena con emoción.

A pesar de las dificultades y los cambios, su enfoque siempre fue claro: ayudar a otros a crecer, empoderarlos para que pudieran sostenerse por sí mismos y, a la vez, construir su propio camino.

María Elena Vázquez no solo ha sido una exitosa empresaria, sino también una mentora y fuente de inspiración para muchas personas. Su historia es un ejemplo de cómo la perseverancia, el amor por lo que haces y el deseo de ayudar a los demás pueden transformar vidas y dejar un legado duradero.

Después de una etapa difícil en su vida, María Elena Vázquez encontró en su madre una guía constante y un pilar fundamental de apoyo. “Mi mamá siempre estuvo conmigo, enseñándome a poner a Dios primero y a valorar los talentos que Él me dio. Me inculcó entereza, dedicación y amor por mi trabajo y mis clientas. Cada una de ellas es especial para mí, las considero amigas y las extraño mucho”, relata María Elena.

Tras un periodo de cambio, María Elena enfrentó un nuevo desafío al mudarse a Florida. Aunque venía con experiencia y conocimiento, decidió tomarse seis meses de pausa para sanar y reencontrarse espiritualmente. “Esos meses fueron necesarios para recobrar mis habilidades, pero sobre todo mi alegría y fortaleza emocional. La vida tiene altas y bajas, pero con fe logré levantarme”, comparte.

Nuevas Oportunidades en Florida

En 2003, surgió la oportunidad de adquirir un negocio en St. Cloud. Aunque el camino no fue fácil, contó con el apoyo incondicional de su esposo, quien se convirtió en una base económica y emocional durante esta nueva etapa. “Fue un paso más allá de lo que esperaba. Mi esposo me dio la confianza para seguir creciendo, especialmente porque tenía a mis dos hijos pequeños y a mi mamá bajo mi cuidado”, explica.

Ese primer negocio en Florida marcó el inicio de su nueva trayectoria. Al poco tiempo, una de sus colaboradoras se quedó con el negocio, repitiendo la historia de su experiencia en Nueva York, donde solía preparar a otros para tomar las riendas de los salones que establecía.

Posteriormente, María Elena administró un salón llamado “Glamour”. donde ayudó a construir una clientela sólida. Más tarde, tomó la oportunidad de adquirir una barbería en Kissimmee. “Trabajé junto al dueño durante un año para administrar su negocio, y luego me lo vendió. Fue un reto diferente, pero emocionante”, comenta.

A lo largo de su carrera, María Elena ha demostrado una capacidad única para adaptarse y transformar las dificultades en oportunidades. Con perseverancia, fe y el deseo de ayudar a otros, ha dejado un impacto positivo tanto en su comunidad como en quienes han trabajado con ella. Su legado es un recordatorio de que, con dedicación y apoyo, es posible superar cualquier obstáculo y alcanzar nuevas metas.

En el 2004, María Elena dio un nuevo giro a su trayectoria profesional al decidir trabajar junto a su hijo, quien heredó su talento y pasión por la belleza. “Él y yo comenzamos a construir algo juntos, y en el 2005 surgió la oportunidad de adquirir un espacio más grande para formar lo que hoy es New Look,” relata.”Florida me ofreció muchas oportunidades, más rápido que en Nueva York. Aunque no fue fácil, logré vender mis dos primeros negocios y concentré toda mi energía en construir este proyecto. Con la ayuda de mi esposo, quien siempre me ha apoyado económicamente y moralmente, logramos establecernos. Pero fue un proceso largo: dos años entre permisos, construcción y cumplimiento de todas las normativas”, explica María Elena.

Reconoce que el camino no fue sencillo. “Los trámites pueden ser intimidantes. Al principio me decían que era difícil, pero yo persistí. Me acerqué a una organización para mujeres emprendedoras que me entrenó en la elaboración de un plan de negocio. Con ese respaldo, logré obtener el préstamo para la compra del local, y todo se consolidó gracias a la fe y al trabajo duro”.

La Fórmula del Éxito

María Elena atribuye su éxito a su terquedad, persistencia y fe en Dios. “Nada cae del cielo. Dios premia el esfuerzo, la dedicación y las buenas intenciones. Él conoce mi corazón y sabía que yo quería este negocio para ayudar a otros. Aquí le damos oportunidad a mucha gente de trabajar, siempre tratándolos con respeto y cariño. Algunas de las chicas que comenzaron conmigo en el 2003 todavía están aquí. Eso habla de la gracia que Dios ha puesto en mí para liderar este proyecto”.

Ahora que está cerca del retiro, María Elena se dedica también a devolver a la comunidad. “Cuando llegué a Orlando, se me abrieron puertas en asilos de ancianos. A través de la iglesia, comenzamos a visitarlos como voluntarios, y encontré en ese servicio una nueva forma de dar. Mi plan es seguir ayudando de la manera en que pueda, ya sea apoyando a quienes toman las riendas de este negocio o involucrándome en actividades que beneficien a los demás”.

Para María Elena, el legado no solo está en el negocio que ha construido, sino en el impacto que ha tenido en las personas que ha ayudado a lo largo de su camino. Con perseverancia, amor y fe, ha demostrado que cualquier sueño es alcanzable si se trabaja con dedicación y propósito.

El espíritu de servicio ha sido una constante en la vida de María Elena. “Desde pequeña, mi mamá, quien fue misionera, me enseñó el valor de ayudar a los demás. Me llevaba a trabajos voluntarios para que nunca olvidara de dónde vengo y entendiera que debemos dar por gracia lo que por gracia hemos recibido. Esa enseñanza se quedó conmigo y la he practicado toda mi vida”, comparte con emoción.

Cuando María Elena llegó a Orlando, se involucró en actividades de voluntariado en asilos de ancianos. “Un día llegué con mis tijeras y empecé a regalar cortes de cabello. Mi mamá siempre me decía que servir es una forma de agradecer a Dios por lo que tienes. Nos acercamos a los ancianitos porque vimos que había necesidad, y poco a poco nos conectamos con directores de actividades. Así me empezaron a contratar, aunque yo inicialmente iba sin cobrar. Trabajé en los asilos por 11 años, cortando el cabello y dando un poco de alegría a personas que muchas veces no tenían a nadie que las visitara”, recuerda.

Durante más de una década, María Elena repartió su tiempo entre su negocio y los asilos. “Por las mañanas, trabajaba con los ancianitos, y por las tardes atendía mi salón. Había días en los que hacíamos hasta 20 o 30 cortes. Era agotador, pero para mí valía la pena. No se trataba del dinero, que era poco, sino del impacto que podía generar en esas vidas. Ver cómo un simple peinado o corte les devolvía la sonrisa y la dignidad era mi mayor recompensa”.

Un Nuevo Capítulo

Ahora que su esposo ha sido trasladado a Atenas, María Elena planea continuar su legado de servicio en su nueva etapa. “Aunque me quiero retirar, la pasión sigue viva. Tengo contactos para ser voluntaria allá, trabajando con ancianos y personas en situaciones vulnerables. Me emociona seguir llevando un poco de amor y alegría a quienes más lo necesitan”.

María Elena no se despide completamente de su comunidad en Orlando. “Me gusta mantenerme en contacto con las personas que he atendido. Muchas de mis clientas y amigas me llaman o yo las llamo. Esa amistad genuina sigue viva, aunque esté lejos. Creo que cuando sirves desde el corazón, creas lazos que perduran para siempre. Es un legado de amor y servicio que quiero llevar conmigo donde quiera que vaya”.

Con su fe como guía, María Elena encuentra propósito y fortaleza. “Dios me ha permitido ayudar a muchas personas, y ese es el mayor regalo que he recibido. Estoy agradecida por las oportunidades que me ha dado y por poder compartir un poco de su amor con los demás. Mi misión siempre será servir y hacer sentir especiales a las personas, porque sé que a través de eso estoy cumpliendo con el plan que Él tiene para mí”.

“Soy amiga para toda la vida. Doy mi corazón y mi amistad incondicionalmente, porque creo que las relaciones auténticas son para siempre”, comparte María Elena, reflejando el amor y dedicación que pone en cada aspecto de su vida.

Recientemente, celebró su cumpleaños número 65 llena de gratitud. “Estoy muy contenta porque Dios me ha dado vida, salud y la oportunidad de servir a mi familia, ayudar a quienes lo necesitan y participar activamente en mi iglesia. A pesar de las dificultades, como la pérdida de mis padres y los retos en el negocio, siempre he encontrado fuerzas en mi fe y en el apoyo de mi esposo”, comenta.

María Elena recuerda momentos difíciles, como la crisis económica de 2008 y la pandemia, que los obligó a cerrar temporalmente su negocio. “Fue un tiempo complicado, pero nunca perdí la fe. Confié en que Dios nos ayudaría a salir adelante, y así fue. Mi esposo también ha sido un pilar fundamental en esos momentos, siempre apoyándome y fortaleciéndome”, dice con gratitud.

Con orgullo, María Elena habla de su familia. “Tengo dos hijos: Natalie y Anthony. Anthony heredó mi pasión por la barbería y, aunque ahora está enfocado en otras cosas, siempre dice que quiere retomarlo algún día. Además, mi hija me ha dado tres nietos que son una bendición en mi vida”.

“Quiero agradecer a todas mis clientas y a las personas que han confiado en mí a lo largo de los años. Sin ellas, no habría llegado hasta aquí. También agradezco a Dios por mantenerme con vida, salud y energía para seguir desarrollando mi trabajo. Siempre las extraño y pienso en ellas con mucho cariño”, concluye.

Con un espíritu resiliente y un corazón lleno de gratitud, María Elena sigue siendo un ejemplo de dedicación y amor por lo que hace, siempre dispuesta a servir y a dejar una huella positiva en quienes la rodean.

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Tags: "Glamour".María Elena VázquezSalón de Belleza Marlene
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