Esta es la segunda entrevista de nuestra serie “viviendo con TEA”, donde buscamos visibilizar la vida de mujeres con autismo e informar a la sociedad que esta condición no es ningún impedimento.
En esta ocasión entrevistamos a Rosana, una mujer que vive con Autismo Severo (TEA). Con el pasar del tiempo se ha ido quedando sin el apoyo de su familia. Hace algunos años decidió esforzarse por prestar mayor atención y lograr aprender las formas socialmente aceptadas de conducta.
Esta es su historia, entre malos diagnósticos, muchos(as) especialistas y un continuo rechazo en sus etapas de crecimiento.
“El rechazo de los demás, no lo entendía”
A partir de tu experiencia ¿qué fue lo más difícil de sobrellevar al vivir con con TEA?
Cuando era niña, el rechazo de los demás, no lo entendía. No era capaz de entender qué hacía mal para provocar esas horribles reacciones, se burlaban de mí y me rechazaban constantemente. Cuando era adolescente el rechazo siguió.
Al llegar a la vida adulta, el enfrentarme al mundo laboral fue un golpe muy fuerte. ¿Cómo iba a trabajar si lo que había vivido por parte del resto era solo rechazo y represalias continuas por ‘hacer las cosas mal’?
“Aparentemente tenía un muy buen comportamiento en las visitas, nunca imaginaron cómo era fuera de ellas”
¿Cómo fue tu proceso de diagnóstico? Es decir, los síntomas que te alertaron, los especialistas con quienes acudiste, las pruebas que te realizaron etc.
Cuando era adolescente vi a muchos especialistas, mi madre me llevó a la fuerza a la psiquiatra cuando tenía 15 años. Ella quiso llevarme antes, pero mi papá tenía otra mentalidad. Allí me dijeron que no tenía habilidades sociales y se percataron de mi comportamiento con los demás. En ese momento no recibí ningún diagnóstico, desconozco si se lo dieron a mi mamá.
Al llegar a la vida adulta, en la nueva clínica donde me atendieron, fue diferente. Creyeron que las observaciones que me hicieron en la adolescencia ya habían pasado. Aparentemente tenía un muy buen comportamiento en las visitas, nunca imaginaron cómo era fuera de ellas, ni que era muy tímida.
Fue poco después de los 30, no recuerdo el año exacto, cuando la psiquiatra que visitaba desde los 26 años comenzó a sospechar. Un día, de repente, me hizo cuatro preguntas por un estudio que hicieron de personas con síndrome de Asperger sin diagnosticar. Sin embargo en ese momento no pudo confirmar el diagnóstico porque ella no era especialista en TEA.
Posteriormente, ella se ausentó y la sustituyeron con un especialista, quien me hizo dos preguntas y apuntó ‘mujer con posible TEA’ en mi historial clínico. Cuando regresó mi doctora de confianza me informó del diagnóstico, el cual respetó porque lo había realizado un especialista.
Cuando tenía 39 años otra psiquiatra confirma el diagnóstico de TGD, porque llevé unas conversaciones de WhatsApp que evidenciaban los conflictos que tenía con las personas. Al verlas se extrañó muchísimo, tenía el diagnóstico como probable y en la siguiente sesión lo vi confirmado.
“[…] los errores sociales no los cometemos a propósito”
¿Qué le dirías a la sociedad para sensibilizar sobre el TEA en mujeres?
La sociedad tiene que estar más informada, actualmente hay un conocimiento muy superficial del TEA. Por lo que he escuchado, solo piensan en las apariencias superficiales de alguna persona con autismo que hayan visto.
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Deberían saber que los errores sociales no los cometemos a propósito, pensar eso es pura ignorancia.
“Terapias más profundas y emocionales”
¿Qué consideras que la sociedad debería hacer para fomentar la inclusión social de las mujeres con TEA? ¿En qué áreas o ámbitos crees que es más importante trabajar con la sociedad para la inclusión?
Conocimiento del tema, especialistas y terapias más profundas y emocionales. Creo que cuando el paciente está muy dañado, puede no responder correctamente a las terapias superficiales, por ejemplo la TCC, en mi opinión.
“No hay suficiente amor, tolerancia y comprensión en la sociedad”
¿Quieres aportar algo personal?, este es el momento ¡tenemos mucho que aprender! Te agradecemos tu ayuda.
No hay suficiente amor, tolerancia y comprensión en la sociedad. Juzgan y excluyen muy rápidamente. En una sociedad tan egoísta, individualista y materialista sufrimos las personas que tenemos TEA y todos(as).
