Sobre la felicidad

Pobrecita LA CULPA… nadie la quiere

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Aceptar la responsabilidad de nuestras acciones, requiere un alto grado de valentía. Cuando el éxito toca a nuestra puerta, legítimo o no, todos reclamamos la autoría de la gesta. Pero cuando es la adversidad la que nos visita, entonces nos autoproclamamos “Víctimas” del destino o de la MANO MALVADA Y CRUEL de los demás… PATETICO, ¿verdad…?

Cada verdad tiene cientos de mentiras que la pueden combatir… y dije COMBATIR, no DESTRUIR.  Hay dos tipos de mentirosos: los PATOLOGICOS y los DEPORTIVOS. A los primeros debemos tenerles compasión porque responden a una situación psicológica, que con tratamiento y un poco de voluntad, podría mejorarse. Algunas son mentiras simples que no dañan a nadie y que no se sostienen porque resultan de alguna manera inconexas con la realidad. A las que no son tan simples, hay que prestarles un poco de atención… y dije “Un Poco” porque por lo general este tipo de mentiroso es conocido por sus acciones y su mentira, aunque un tanto más compleja, tiene poco impacto.

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A los MENTIROSOS DEPORTIVOS debemos tenerles lástima porque mienten y pelean como gato boca arriba para salir airosos de una situación que, en muchas ocasiones, ellos mismos provocaron, aún cuando la verdad está a la vista de todos. Y como buenos deportistas, practican a diario para afinar su puntería… mejorar su tiempo… o llegar primero, sin darse cuenta de que, en la única competencia en la que se encuentran, es en la de hundirse cada vez más profundamente a sí mismos, como si estuvieran en una competencia olímpica de clavados.

Para mentir efectivamente se necesita una gran inteligencia. Obviamente no me refiero a la inteligencia académica, pues con ella solo aprendemos a redactar nuestra mentira gramaticalmente correcta…. Me refiero a otro tipo de inteligencia… esa que nos permite atar cabos, anticiparnos al futuro, y en el caso de este tipo de mentiroso, crear coartadas y pre producir respuestas “creíbles” para cada posible escenario por donde pueda moverse su mentira. Tarea compleja, sobre todo para aquellos que, además de construir espejismos, tienen que lidiar con su megalomanía o su falta de amor propio… o ambas, porque por lo general, las dos vienen tomadas de la mano.

A la verdad no hay que defenderla… la verdad simplemente ES, Porque se construye día a día con trabajo, con seriedad y evidencias irrefutables. Porque intentar defender una verdad, degrada a la verdad en sí misma y nos baja al nivel obscuro del mitómano… el silencio nos hace poderosos.

Seamos honestos y afrontemos con responsabilidad y valentía las consecuencias de nuestros actos… ya sea por la honestidad en si misma o en el caso de los más orgullosos, por no hacer el ridículo ante los demás. Total… en la era de las redes sociales, todo está al toque de un dedo… al vistazo de un ojo… o al sonido estridente de una captura de pantalla.  

Si los resultados que estamos obteniendo no son efectivos, tengamos un poco de dignidad y no responsabilicemos a los demás porque seguramente, son nuestras acciones las que no están funcionando. Si queremos resultados diferentes, tenemos que actuar de manera diferente.

Es simple… es natural… es sentido común… ES INTELIGENCIA EMOCIONAL…

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Edwin Ocasio

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