Recorrido por Polonia revela que el antisemitismo sigue vigente y expone la persistencia de estereotipos en la sociedad actual
Con esta última entrega concluye la serie de reportajes sobre la visita especial de La Prensa a Polonia, un recorrido donde la memoria del Holocausto no solo se estudia, sino que se vive, se siente y se sufre. La experiencia deja una reflexión clara: el antisemitismo, la estigmatización, la guerra y la violencia continúan marcando la actualidad. Desde una perspectiva personal, este viaje dejó lecciones profundas e inolvidables.
Quienes vivimos en Estados Unidos solemos asumir que existe una relación clara de apoyo hacia Israel y el pueblo judío. Sin embargo, también es evidente que persisten vacíos de educación y múltiples ideas preconcebidas sobre lo que representa la comunidad judía. Con frecuencia se les encasilla como un grupo homogéneo, “rico y poderoso”, cuando en realidad se trata de una comunidad diversa en cultura, pensamiento, origen y realidad social. Esa complejidad solo puede entenderse a través de la educación y la concientización, particularmente dentro del público latino en Estados Unidos.
También existen sectores que se polarizan y atribuyen a los judíos responsabilidades que corresponden a decisiones políticas del gobierno israelí. Esa confusión entre una comunidad religiosa y cultural y un gobierno específico alimenta prejuicios que, históricamente, han derivado en discriminación. Por ello, la visita a Polonia se convierte en una experiencia que confronta ideas preconcebidas y obliga a repensar narrativas arraigadas.
Polonia es hoy un país próspero, moderno y en pleno crecimiento. Economistas lo describen como uno de los mayores milagros económicos recientes de Europa, con desarrollo industrial acelerado y ciudades seguras con bajos índices de criminalidad. Esa estabilidad contrasta con una historia traumática que no tiene ni un siglo. Durante la Segunda Guerra Mundial, ciudades como Varsovia fueron prácticamente destruidas. Tras la derrota nazi, Polonia quedó bajo la influencia soviética y vivió décadas de régimen comunista hasta finales del siglo XX.
Recorrer la capital, Varsovia, implica enfrentarse a la memoria del gueto judío, donde miles de personas fueron hacinadas sin alimentos ni condiciones sanitarias, encerradas tras muros mientras crecía la incertidumbre sobre su destino. La historia de los judíos también se documenta en el Museo POLIN, que narra más de mil años de presencia judía en Polonia, una comunidad que floreció hasta convertirse en una de las poblaciones judías más importantes de Europa. Frente al museo se levanta el Monumento a los Héroes del Gueto, recordatorio de la resistencia y del sufrimiento vivido durante uno de los capítulos más oscuros de la historia.
El recorrido conduce inevitablemente a Cracovia, donde la memoria del Holocausto adquiere una dimensión aún más tangible. Allí permanecen el antiguo gueto y la fábrica de Oskar Schindler, el empresario alemán que salvó a más de mil judíos al emplearlos durante la guerra. La historia, llevada al cine en “La lista de Schindler”, cobra otra fuerza al observar los espacios reales donde ocurrió.
Para mí, el momento más estremecedor llegó en Auschwitz-Birkenau. Los restos de los barracones, las vías del tren y las ruinas de las cámaras de gas y los crematorios permanecen como testigos silenciosos de la barbarie. Caminar por ese lugar transforma la historia en una experiencia concreta.
La sensación de impotencia, dolor e indignación se intensifica al observar la exhibición de las pertenencias de las víctimas: zapatos pertenecientes a niños, maletas, prótesis y cabello humano. Elementos cotidianos que evidencian la magnitud de la tragedia y humanizan cifras que, de otro modo, podrían parecer lejanas.
Uno de los historiadores, Yoel Schvartz, quien promueve el entendimiento y la educación sobre Israel, advirtió a las periodistas: “cuando la intolerancia se normaliza, toda la humanidad corre peligro”.
Periodistas coinciden: la historia no ha sido suficiente
Tras los recorridos por Cracovia y otros puntos históricos de Polonia, la reflexión gira en torno a la vigencia del antisemitismo y las lecciones pendientes de la historia. A pesar del conocimiento histórico ampliamente documentado, persisten discursos y manifestaciones que evocan prejuicios del pasado, lo que evidencia que la memoria aún no ha sido suficiente para evitar la repetición de patrones de intolerancia.
En opinión de la periodista mexicana Claudia Orozco, la experiencia deja una conclusión inquietante. “Después de estos recorridos en Cracovia y en general en Polonia, mi conclusión es que no hemos aprendido nada. Si conocemos las consecuencias del odio que llevaron al Holocausto, ¿cómo es posible que el antisemitismo siga vigente? Siento que ahora incluso se ha verbalizado más; antes parecía estar latente, pero no era socialmente aceptado expresarlo. Hoy vemos cómo vuelve a exteriorizarse, y eso demuestra que la historia aún no ha sido suficiente para evitar repetir los mismos errores”, afirmó.
Mientras tanto, la periodista puertorriqueña Yesenia Torres Figueroa describió la experiencia como un viaje marcado por la reflexión y el aprendizaje histórico. “Esta experiencia va a ser inolvidable, pero al mismo tiempo de mucha reflexión, porque en cada lugar que hemos estado nos han mostrado relatos y también datos históricos. Es una parte que ha quedado como en el olvido por parte del mundo. En Europa y Latinoamérica ha llegado otro tipo de información, pero al final se entiende que, en efecto, persiste el odio contra la comunidad judía”, expresó.

Yesenia Torres Figueroa, periodista puertorriqueña.
Torres Figueroa destacó además la responsabilidad del periodismo para combatir la desinformación. “No hay un origen específico del porqué de ese odio. Se nos ha hablado de que todo nace por expresiones que luego se convierten en un sentimiento sin causa. También se nos habló de la importancia de nuestro rol como periodistas de mantener la información con datos y relatos que sustenten lo que se ha discutido sobre el odio, para desmantelar la desinformación”, añadió.
En su reflexión final, subrayó que todavía existen percepciones influenciadas por factores religiosos y políticos. “Creo que los puertorriqueños entienden lo que ha sufrido el pueblo judío, pero todavía existe la concepción de que este odio nace específicamente de la religión. Sin embargo, ahora también está la política y las redes sociales, surge información que cambia la percepción de la comunidad judía”, señaló.
La conclusión común entre las periodistas coincide en un punto: Polonia no solo obliga a mirar el pasado, sino también a examinar el presente. La historia del país evidencia la fragilidad de las sociedades frente al autoritarismo y la intolerancia, y se convierte en un recordatorio permanente de hasta dónde puede llegar la humanidad cuando el odio no se detiene a tiempo.
