La edición 2026 de la Daytona 500 volvió a confirmar que en esta carrera legendaria todo se decide en la última vuelta.
El piloto Tyler Reddick, representante del equipo 23XI Racing, propiedad de la leyenda del baloncesto Michael Jordan, cruzó la meta en la primera posición en el Daytona International Speedway para conquistar, por primera vez en su carrera, la victoria en la prueba más prestigiosa de NASCAR.
El triunfo de Reddick no solo marca un hito personal, sino que también consolida el crecimiento competitivo de 23XI Racing dentro del máximo nivel del automovilismo estadounidense, en una jornada donde la estrategia, la paciencia y la precisión en el cierre resultaron decisivas.
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El rugido de los motores en la Daytona 500 volvió a encender no solo la adrenalina en la pista, sino también una conversación profunda sobre el presente y el futuro del automovilismo. Para el piloto Danny Hamlin, figura vinculada al equipo Trackhouse Racing, la jornada dejó reflexiones que van más allá del resultado deportivo.
Hamlin reconoció que el reto actual del deporte consiste en recuperar el respaldo que alguna vez tuvo. “Sabemos cuáles son los hechos, pero ahora tenemos que descubrir cómo devolver el apoyo a donde estaba hace décadas. Para lograrlo, todos tendremos que jalar la cuerda en la misma dirección”, explicó en conversación posterior a la carrera. El piloto señaló además que ha sostenido diálogos recientes con ejecutivos de NASCAR para definir cómo debería lucir la disciplina en los próximos dos, cinco y diez años. “Fueron conversaciones abiertas a sugerencias. Ahora la prueba será ver si hay acciones detrás de las palabras”, añadió.
El ambiente competitivo no eclipsó el reconocimiento al triunfo de Reddick, protagonista de la jornada. Hamlin insistió en que el enfoque debía mantenerse en celebrar al ganador y al equipo. “No queremos titulares que no sean que Tyler Reddick ganó la Daytona 500. Es su día y debe ser celebrado”, subrayó.
Otro de los puntos analizados fue la consistencia en las decisiones de carrera, particularmente con las banderas amarillas. Desde su perspectiva como piloto, lo esencial es la uniformidad en los criterios. “Creo que todos están bien con cualquier decisión, siempre que sea consistente. Este fin de semana lo fue, y eso marcó el tono”, explicó, destacando que la seguridad en pista no se vio comprometida en los incidentes finales.
Más allá de la estrategia y la competencia, el componente emocional también estuvo presente. Hamlin habló del impacto que tiene el equipo en la vida del copropietario Michael Jordan, ícono del deporte mundial. “Ustedes tienen el poder de traerle alegría a Michael Jordan, y nada más puede hacerlo de esa manera”, recordó haber dicho al grupo semanas atrás, evocando momentos como la celebración en Talladega y la emoción vivida nuevamente en Daytona.
Desde el entorno técnico, el entrenador y representante del equipo coincidió en la dimensión humana del triunfo. Señaló que ver la alegría genuina de Jordan se ha convertido en una fuente de motivación interna. “Es increíble observar cómo se emociona en las celebraciones. Esa energía es parte de lo que nos impulsa a seguir buscando victorias”, comentó.
Hamlin, por su parte, dejó entrever la dualidad que acompaña a todo competidor veterano: la felicidad por el éxito colectivo y la espina de no ser él quien cruza primero la meta. “Sigo siendo competitivo. Incluso cuando estoy emocionado, lo estaría más si no estuviera corriendo yo mismo. Siempre hay una parte que piensa: si ellos ganaron, significa que yo perdí”, confesó con honestidad.
Aun así, el piloto mira hacia adelante con esperanza, deseando que el equipo continúe sumando triunfos cuando llegue el momento de dar un paso al costado. Mientras tanto, cada edición de la Daytona 500 representa una nueva oportunidad para equilibrar la pasión competitiva con la capacidad de disfrutar los logros compartidos, en un deporte que —como él mismo afirma— solo crecerá si todos avanzan en la misma dirección.
