Dos empresarias de Florida Central muestran las dos caras del emprendimiento: mientras una logró comprar una vivienda y expandir su negocio, otra enfrentó la pérdida de su hogar antes de recuperarse, crecer y construir junto a su familia un patrimonio propio
Para muchas familias inmigrantes, abrir un restaurante representa mucho más que servir comida. Es la oportunidad de dejar de trabajar para otros, crear empleos para la familia, comprar una vivienda y, eventualmente, construir un patrimonio que pueda pasar de una generación a otra.
Pero detrás de cada restaurante lleno también hay otra realidad: largas jornadas, altos costos de alimentos y salarios, renta, seguros, permisos y una competencia constante por atraer clientes.
La pregunta es inevitable: ¿ser dueño de un restaurante realmente permite a una familia latina avanzar económicamente en Florida Central o los costos y las condiciones del sector hacen cada vez más difícil convertir un negocio en una fuente de patrimonio?
Las historias de dos empresarias de la región de Florida Central muestran que ambas realidades pueden coexistir.
Para Susana Martínez, propietaria de Susana’s Café, un negocio que comenzó después de una carrera de 17 años como contadora, la cafetería se convirtió en una oportunidad para comprar una vivienda, crear empleos y prepararse para abrir una segunda localidad.
Para Odilia Alvarado, propietaria del restaurante La Mexicana, el camino hacia el crecimiento empresarial tomó años de trabajo y estuvo marcado por dificultades económicas, incluida la pérdida de su vivienda. Sin embargo, junto a su familia logró recuperarse, expandir sus negocios —que incluyen un restaurante y un supermercado—, adquirir un terreno y construir su propio edificio.

Sus historias reflejan el potencial del emprendimiento. Pero las estadísticas también muestran que el éxito no está garantizado.
Una presencia empresarial que supera su peso en la fuerza laboral
Según un informe publicado en 2024 por la Oficina de Defensa de la Pequeña Empresa de la U.S. Small Business Administration, basado principalmente en datos del Censo de 2021, los hispanos representaban el 28.3% de los trabajadores de Florida, pero eran propietarios del 35.5% de los negocios incluidos en las estadísticas demográficas de propiedad empresarial.
El informe estimó que Florida tenía aproximadamente 1,086,966 negocios de propiedad hispana, incluyendo empresas con empleados y negocios sin empleados.
A nivel nacional, la SBA informó que los empresarios hispanos eran propietarios mayoritarios de más de 5 millones de empresas, que empleaban a cerca de 3 millones de trabajadores.
El sector de alojamiento y servicios de alimentos figura entre las industrias con una importante presencia de empresarios hispanos. Restaurantes, cafeterías y negocios gastronómicos se han convertido en una de las principales puertas de entrada al emprendimiento para muchas familias inmigrantes.
Pero abrir un negocio y construir riqueza no son necesariamente lo mismo.
Un estudio del Consumer Financial Protection Bureau, publicado en 2025 y basado en datos de 2023, encontró que, en general, los propietarios de pequeños negocios tenían mayores ingresos, ahorros y riqueza familiar que quienes no eran dueños de un negocio.
El 68.6% de los hogares de pequeños empresarios eran propietarios de su vivienda, frente al 56.3% de los hogares de personas que no poseían un negocio.
Sin embargo, el propio estudio advierte que esos datos no permiten determinar si el negocio creó la riqueza o si las personas que ya contaban con mayores recursos tuvieron más posibilidades de convertirse en empresarios.
Es una diferencia importante para entender el sueño de abrir un restaurante: la propiedad de un negocio puede estar asociada con una mayor seguridad económica, pero no garantiza automáticamente la movilidad social.
De la contabilidad a una cafetería
Antes de entrar a la industria de alimentos, la propietaria de Susana’s Café, localizada en Downtown Kissimmee, tenía una carrera muy diferente. “Fui contadora por 17 años en una compañía de MetroPCS”, explicó.
El restaurante no fue el primer negocio de su familia, pero sí representó su primera experiencia directa en una industria que descubrió era mucho más compleja de lo que había imaginado.

“Ya cumplimos casi cuatro años y ha sido algo totalmente diferente”, señaló.
La empresaria calcula que tomó alrededor de dos años alcanzar cierta estabilidad. En ese período tuvo que aprender una nueva industria, capacitarse como barista y obtener certificaciones, además de invertir en la preparación de su equipo.
También contrató chefs y otros profesionales para capacitar a las cocineras y mantener la consistencia de los productos.
El resultado, asegura, ha ido más allá de generar ingresos.
El negocio le permitió comprar una vivienda y comenzar a construir patrimonio para su familia. También creó empleos y oportunidades de capacitación para personas que antes no tenían experiencia en el sector.
Hoy, después de casi cuatro años, afirma que ha logrado construir un equipo que le permite delegar responsabilidades.
“Ya hay días que uno se toma más descanso. Ya no es como antes”, explicó.
Ahora trabaja en la apertura de una segunda localidad en Downtown St. Cloud., en el condado de Osceola. “Ya tenemos una propiedad y estamos trabajando con los permisos para poder tener nuestra segunda localidad”.
El crecimiento también depende de las conexiones
La propietaria atribuye parte del crecimiento de Susana’s Café a las relaciones construidas dentro de la comunidad. La Cámara de Comercio de Osceola, Experience Kissimmee y otras organizaciones le han ayudado a generar conexiones y visibilidad.
“Trabajamos con Osceola County, trabajamos con la corte, trabajamos con hospitales. Ha sido un apoyo muy fuerte de la comunidad”, señaló.
Para un pequeño empresario, esas redes pueden ser tan importantes como el capital inicial.
La promoción turística, por ejemplo, ha permitido atraer visitantes que de otra manera probablemente no habrían conocido el negocio.
“Viene gente de fuera y te busca porque encontró información sobre el negocio”, explicó.
Aprender el negocio desde adolescente
La historia de la mexicana Odilia Alvarado comenzó mucho antes de que tuviera su propio restaurante.
Sus padres trabajaban en un invernadero. Su padre fumigaba las plantas y su madre trabajaba plantándolas. Después de años de trabajo y ahorro, su padre y un tío decidieron invertir en una pequeña taquería.
“Era nada más una taquería y una máquina para hacer tortillas”, recordó Odilia.
Las tortillas frescas se convirtieron en parte de la identidad del negocio. “Eso fue lo que hizo la diferencia. Las tortillas eran hechas al instante y sabían mejor que las de paquete”.

Odilia comenzó a trabajar con sus padres cuando tenía aproximadamente 13 o 14 años. Fue mesera, ayudó a preparar tacos y realizó diferentes tareas en la cocina. Más tarde comenzó a involucrarse en la administración.
Su educación empresarial no comenzó en una universidad o en una escuela de negocios. La adquirió trabajando dentro del restaurante familiar.
Más tarde, junto con su esposo y sus hijos, abrió su propio negocio. Pero la estabilidad no llegó de inmediato. Odilia calcula que tomó entre dos y tres años comenzar a estabilizar la operación. En el camino, la familia enfrentó una crisis económica y perdió su vivienda.
Para esta familia, esa experiencia se convirtió en una medida concreta de movilidad económica: el negocio ayudó a recuperarse de una pérdida financiera y volver a ser propietarios de una vivienda.
De pequeños locales a cuatro negocios
Hace aproximadamente 13 años, la operación era mucho más pequeña. “Teníamos el supermercado, restaurante y vendíamos helados y aguas frescas. Era como tener cuatro negocios en uno”, explicó.
Con el tiempo, lograron obtener financiamiento. “Pudimos sacar un préstamo, compramos este terreno y construimos este edificio”.
Actualmente, calcula que los cuatro negocios emplean entre 50 y 60 personas.
La empresa también ha creado oportunidades para sus hijos. Odilia y su esposo tienen seis hijos; cuatro ya son adultos y dos continúan estudiando. “Hemos tenido la oportunidad de brindarles mejores estudios a nuestros hijos”, señaló.
Sin embargo, estas historias de crecimiento deben analizarse dentro de una industria que opera con márgenes de ganancia reducidos.
La Asociación Nacional de Restaurantes reportó que, en 2024, el ingreso antes de impuestos representó una mediana de apenas 2.8% de las ventas en restaurantes de servicio completo y 4% en establecimientos de servicio limitado.
Entre los restaurantes de servicio completo, aquellos que facturaban menos de $2 millones anuales registraron una mediana de ingresos antes de impuestos de apenas 1.1% de las ventas.
Los establecimientos que facturaban $2 millones o más registraron una mediana de 4.3%.
La presión sobre los restaurantes también ha aumentado.
Según datos de la organización mencionada, entre 2019 y 2026, los gastos totales promedio de los restaurantes aumentaron 36%, mientras que los salarios promedio por hora de los empleados aumentaron 41%.
Los precios mayoristas de los alimentos aumentaron 35%.
Además, 42% de los operadores de restaurantes indicaron que su negocio no fue rentable en 2025.
¿Movilidad económica o simplemente otro empleo?
Las experiencias de Susana Café y de Odilia Alvarado muestran que un restaurante sí puede contribuir a transformar la situación económica de una familia.
En un caso, el negocio permitió comprar una vivienda, generar empleos y avanzar hacia una segunda localidad.
En el otro, una familia pasó de trabajar en pequeños espacios comerciales a adquirir terreno, construir un edificio y operar varios negocios.
Pero ninguna de las dos historias fue inmediata.
Ambas requirieron años de trabajo, aprendizaje, inversión y la capacidad de adaptarse a una industria con altos costos.
Para muchas familias latinas de Florida Central, el verdadero desafío no es únicamente comenzar el negocio. Es lograr que sobreviva, crezca y llegue al punto en que el trabajo diario deje de ser solamente una forma de generar ingresos y se convierta, finalmente, en una fuente de patrimonio para la siguiente generación.
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