En Hamilton, los llamados Padres Fundadores dejan los libros de historia para subir al escenario y contar sus propias historias de una manera completamente distinta.
El resultado es una producción que convierte un episodio fundamental de la historia estadounidense en una experiencia teatral contemporánea, dinámica y profundamente humana.
En Orlando, Hamilton forma parte de la temporada 2026-27 de AdventHealth Broadway in Orlando y se presenta en el Walt Disney Theater del Dr. Phillips Center for the Performing Arts hasta el 18 de octubre.
El musical, creado por Lin-Manuel Miranda, está basado en la biografía Alexander Hamilton, del historiador Ron Chernow. Miranda escribió el libro, la música y las letras; Thomas Kail dirige la producción y Andy Blankenbuehler está a cargo de la coreografía. Alex Lacamoire supervisa la música y las orquestaciones. La obra ha recibido 11 premios Tony, además de un Grammy, un Olivier y el Premio Pulitzer de Drama.
Un inmigrante en el centro de la historia
La trama sigue el ascenso de Alexander Hamilton, un joven inmigrante nacido en el Caribe que llega a Nueva York y termina desempeñando un papel importante en la Revolución estadounidense y en la construcción del nuevo gobierno.
Su historia comienza lejos de los grandes salones de poder.
Hamilton crece en el Caribe, queda huérfano de madre y desarrolla desde muy joven una extraordinaria capacidad para escribir. Uno de los acontecimientos que marca su vida ocurre en 1772, cuando un huracán devastador azota St. Croix. Hamilton, que entonces tenía 17 años, escribió un relato sobre la tormenta que fue publicado en un periódico local. El texto llamó la atención de líderes de la comunidad y ayudó a que recibiera apoyo para viajar a las colonias británicas en Norteamérica y continuar su educación.
Ese episodio adquiere una importancia especial dentro del musical. La escritura aparece como una herramienta que permite a Hamilton transformar las circunstancias de su vida.
Ya en Nueva York, conoce a Aaron Burr y a otros jóvenes que participan en el movimiento revolucionario. Su relación con Burr se convierte en uno de los ejes de la obra: dos hombres ambiciosos que toman caminos diferentes y que terminan enfrentados por la política, el poder y el reconocimiento.
Hamilton también conoce a las hermanas Schuyler, entre ellas Eliza y Angelica, y construye una familia mientras desarrolla una carrera política que lo lleva a convertirse en uno de los principales arquitectos del sistema financiero de la nueva nación.
La obra recorre la Revolución, la creación del gobierno estadounidense, los enfrentamientos políticos entre los primeros líderes del país y los conflictos personales que terminan afectando la vida pública de Hamilton.
Todo esto ocurre sin que el espectador sienta que está asistiendo a una clase tradicional de historia.
Cuando los Padres Fundadores rapean
Una de las grandes innovaciones de Hamilton es precisamente la manera en que cuenta la historia.
Miranda tomó acontecimientos del siglo XVIII y los convirtió en canciones contemporáneas. Hip-hop, rap, R&B, jazz y Broadway conviven en una partitura que permite que los personajes expresen sus ambiciones, conflictos y emociones de una manera que rompe con la imagen solemne que normalmente tenemos de los Padres Fundadores.
Las discusiones políticas se transforman prácticamente en batallas musicales. Los personajes no solamente explican sus posiciones: compiten verbalmente por el poder y por el reconocimiento.
La velocidad de las letras también representa uno de los grandes desafíos para los intérpretes.
Los actores tienen que cantar, rapear, actuar y bailar con una coordinación extraordinaria. En muchas escenas, las palabras, la música, la iluminación y los movimientos de los intérpretes ocurren simultáneamente.
El público no está simplemente escuchando una canción.
Está siguiendo una historia mientras observa una coreografía que continúa prácticamente sin interrupciones.
Una América diferente sobre el escenario
Otro elemento fundamental de Hamilton es su elenco diverso.
Los personajes históricos, muchos de ellos hombres blancos, son interpretados por actores de diferentes orígenes raciales y étnicos. La decisión artística permite presentar la historia de la fundación del país desde una perspectiva contemporánea.
En ese sentido, Hamilton no intenta reconstruir literalmente el aspecto racial de la sociedad del siglo XVIII.
La producción utiliza el pasado para hablar también de la América actual.
La historia de un inmigrante que llega a un nuevo país y consigue participar en la construcción de sus instituciones adquiere así una dimensión particular para las comunidades inmigrantes y latinas.
La propia obra coloca la inmigración en el centro de su narrativa y presenta a Hamilton como un joven que llega desde el Caribe con pocas posibilidades materiales, pero con una enorme ambición.
Una puesta en escena que transporta al público
Uno de los aspectos que más me impresionó durante la función fue el escenario.
La escenografía logra transportarnos a la época colonial y revolucionaria sin convertirse en una reconstrucción estática del siglo XVIII. La madera, las plataformas, la iluminación y el movimiento constante de los actores crean un espacio que parece transformarse con la historia.
Los intérpretes están permanentemente conectados con ese espacio.
No se trata solamente de entrar y salir de escena.
El escenario se mueve con ellos.
Las coreografías hacen que el público sienta el paso del tiempo, los cambios políticos y las tensiones entre los personajes.
Y todo ocurre con una coordinación que resulta particularmente impresionante cuando se observa la cantidad de elementos que están sucediendo simultáneamente.
Una historia de héroes, pero también de seres humanos
Otro de los aspectos que deja Hamilton es la posibilidad de mirar a los llamados Padres Fundadores desde una perspectiva menos idealizada.
La obra muestra ambición, rivalidades, errores, infidelidades, enfrentamientos políticos y decisiones cuestionables.
Los hombres que ayudaron a construir la nueva nación no aparecen como figuras perfectas.
Son seres humanos.
Y precisamente esa humanidad hace que la historia resulte más cercana.
La producción recuerda que la construcción de un país no estuvo libre de conflictos ni contradicciones.
La política, la ambición y las luchas por el poder existían entonces, igual que forman parte de las sociedades contemporáneas.
Tres horas que pasan rápidamente
Hamilton tiene una duración de aproximadamente dos horas y 45 minutos, pero la intensidad de la producción hace que el tiempo pase rápidamente.
Durante la función se pasa de momentos divertidos a escenas dramáticas y de momentos de celebración a otros profundamente dolorosos.
Es una obra educativa, pero no se siente como una lección.
Es divertida, pero también puede resultar conmovedora hasta las lágrimas.
Y precisamente esa combinación es uno de sus mayores logros.
En mi experiencia como espectadora, la producción consiguió mantener mi atención durante prácticamente toda la función. Los actores cantan, actúan y bailan con una coordinación que convierte cada escena en una pieza de un mecanismo teatral cuidadosamente construido.
Hay momentos en que el público ríe.
Otros provocan tensión.
Y algunos consiguen una respuesta emocional mucho más profunda.
Al final, queda una reflexión sobre la manera en que recordamos a las personas que construyeron la historia y sobre quién tiene el poder de contarla.
El elenco que llega a Orlando
El elenco de la gira norteamericana incluye a Tyler Fauntleroy como Alexander Hamilton, Deon’te Goodman como Aaron Burr, Marja Harmon como Angelica Schuyler, Lily Soto como Eliza Hamilton y Auston Henderson como George Washington.
También forman parte del reparto Christian Magby como Marquis de Lafayette y Thomas Jefferson, Eddie Ortega como Hercules Mulligan y James Madison y León Tak como John Laurens y Philip Hamilton, entre otros.
Entre los integrantes del elenco también destaca Eddie Ortega, actor de origen local que interpreta a Hercules Mulligan y James Madison. Ortega es nativo de Orlando y graduado de Florida State University.
Una historia antigua con preguntas actuales
Quizás una de las mayores virtudes de Hamilton sea que no intenta decirle al público cómo debe interpretar la historia.
La producción presenta a personas que tenían ideales, pero también defectos; que participaron en la construcción de una nación, pero que tenían conflictos personales y ambiciones propias.
La obra consigue así acercar la historia a una audiencia contemporánea y, al mismo tiempo, recordar que Estados Unidos fue construido por personas con contradicciones.
Los Padres Fundadores no aparecen solamente como monumentos.
Aparecen como seres humanos.
Y el elenco diverso convierte esa historia del siglo XVIII en una conversación con la sociedad estadounidense del siglo XXI.
Después de casi tres horas, la sensación que queda es la de haber presenciado una extraordinaria puesta en escena que consigue ser histórica, contemporánea, divertida, dramática, educativa y profundamente emotiva.



