El candidato presidencial recorrió Florida para consolidar su propuesta de ruptura ante el sistema tradicional colombiano. Su plataforma promete una cruzada de libre mercado, fe religiosa y medidas letales contra la criminalidad.
Santiago Botero, empresario de los sectores tecnológico y financiero, se perfila como la figura más atípica para las elecciones presidenciales de Colombia en 2026.
Bajo el lema de su plataforma, el “Plan Justicia de Dios”, este candidato plantea una fractura absoluta con el sistema tradicional. Su visión de Estado fusiona un modelo de mercado libre sin restricciones, un conservadurismo de base religiosa y una postura inflexible frente a la delincuencia.
Con una campaña sin financiación externa, Botero apuesta por conquistar al electorado exhausto de la política convencional.
La batalla contra las encuestas y la izquierda
Las recientes mediciones de intención de voto exhiben a diversos candidatos a la cabeza, pero Botero desestima estas cifras de tajo. Para él, los sondeos operan como herramientas de manipulación mediática.
En su reciente paso por Florida, el empresario fue tajante al respecto. “Las encuestas siempre han sido mecanismos que han usado los políticos para financiar sus campañas cuando ellos se muestran arriba (…) o para hacer alianzas estratégicas”, afirmó.
Botero sustenta su verdadera fuerza en el entorno digital. Él asegura que posee el dominio de la mitad de la conversación política en plataformas de video corto. “Yo domino el 50% de la comunicación de TikTok”, sentenció el candidato, quien aconsejó a los ciudadanos que “apuesten poco dinero” si sus predicciones electorales se guían por las encuestadoras tradicionales.
Su principal blanco político recae sobre el actual gobierno de Gustavo Petro y la figura del senador Iván Cepeda. Ante la posibilidad de una victoria de la izquierda en primera vuelta, Botero descarta ese escenario por completo.
Según su lectura, los votos reflejados en las encuestas no pertenecen a Cepeda, sino al actual mandatario. Además, lanza duras críticas contra el senador del Pacto Histórico. “Es una persona que es oscura (…) tiene un pasado que lo marca bastante que fue el computador de Raúl Reyes”, señaló.
Botero advirtió a los sectores conservadores sobre el grave riesgo de una presidencia de Cepeda. Mencionó que, si el senador logró el encarcelamiento del expresidente Álvaro Uribe Vélez desde el legislativo, su poder desde el ejecutivo sería letal para la derecha. En este contexto, el empresario se erige ante sus seguidores como “el único freno posible”.

Una “dictadura” de grupos económicos
Aunque rechaza las políticas del actual gobierno, Botero tampoco escatimó críticas hacia las élites financieras del país. A diferencia de quienes temen una dictadura de corte socialista a través de una Asamblea Nacional Constituyente, él sostiene que Colombia ya vive bajo un régimen totalitario de otra índole. “Sí tenemos una dictadura. Pero una dictadura de los grupos económicos que son los que apoyan a todos esos partidos siempre”, aseveró.
El candidato explicó que los grandes conglomerados financian campañas en todos los espectros políticos, desde la derecha hasta la izquierda. Como resultado, las decisiones de Estado benefician únicamente a los grandes capitales, situación que empobrece a los ciudadanos de a pie, quienes han visto mermada su capacidad adquisitiva, según Botero.
Para contrarrestar esta dinámica, su plan económico propone la eliminación del impuesto al patrimonio y la reducción de la carga tributaria corporativa entre un 5% y un 10%. En sintonía con su perfil financiero, añade a su portafolio un modelo de ahorro garantizado. Esta iniciativa plantea un fondo voluntario bajo la administración del Estado, el cual aseguraría a los ciudadanos una tasa de interés de retorno de entre el 10% y el 12%.
En el ámbito social, Botero plantea la sustitución de programas estatales por un sistema de bonos directos. Su propuesta abarca la entrega de 800.000 pesos por hijo a las madres de los estratos más bajos para cubrir la matrícula en colegios privados de su elección, además de elevar el subsidio de los adultos mayores a 750.000 pesos mensuales.
Mano dura, pena capital y “Los Templarios”
La seguridad constituye el pilar más controversial de su discurso. Botero diagnostica que la impunidad y la alianza entre criminales y políticos destruyeron a la nación. Su solución implica la reforma de raíz de las instituciones armadas.
El candidato planea la creación de “Los Templarios”, una fuerza élite de 100.000 hombres, con un salario de 12 millones de pesos para cada integrante, con el fin de garantizar lealtad absoluta y eficacia táctica.
Para fortalecer este enfoque punitivo, Botero dijo que busca cimentar alianzas estratégicas internacionales en materia de inteligencia. Sus socios predilectos para esta tarea son Estados Unidos e Israel. Asimismo, en el plano doméstico, el candidato perfila al general retirado Eduardo Zapateiro como su futuro ministro de Defensa, una decisión que subraya su compromiso con una línea de autoridad castrense sin concesiones.
El tono del empresario alcanza su punto más extremo al abordar el castigo para delitos atroces. Botero propone la instauración de la pena capital para criminales irreformables, como los violadores.
“La pena de muerte. No los vamos a fusilar, pero les metemos la agujita”, declaró. Su pragmatismo ante el gasto penitenciario lo lleva a sugerir medidas extremas, pues considera inaceptable la inversión de más de tres millones de pesos mensuales en la reclusión de un criminal mientras millones de personas sufren en la pobreza extrema.
Por ello, propone extraer y aprovechar los órganos vitales de los ejecutados. “Donemos los órganos para salvar a otras personas”, añadió para justificar su iniciativa.
El empresario “fifí” con una misión divina
En el panorama electoral colombiano, el hastío ciudadano frente a las estructuras partidistas tradicionales abre una ventana de oportunidad para figuras externas.
Ante este vacío de representatividad, el empresario postula su propia trayectoria como garantía de independencia y eficacia gerencial. A pesar de su riqueza y su origen de estrato alto —se define a sí mismo como “fifí”—, Botero adopta un lenguaje coloquial para conectar con las bases populares.
Aseguró que su incursión en la política carece de fines de lucro, puesto que financia su campaña de manera individual y rechaza compromisos con sectores de poder tradicionales.
Al cuestionar su participación en el complejo proceso político, Botero relató una respuesta divina: la necesidad de llevar la justicia a Colombia y multiplicar la riqueza nacional para ayudar a los menos favorecidos.
Su convicción religiosa moldea su visión de la justicia y la autoridad. Cita las escrituras bíblicas para legitimar la fuerza letal del Estado contra el crimen. Para Botero, el poder presidencial representa la espada otorgada por el Creador para imponer el orden.
“Tengo que ser presidente, que los colombianos me elijan presidente para que Dios me dé la espada y poder ajusticiar al bandido”, reflexionó, al marcar el límite entre el civil al margen de la ley y el máximo líder de un Estado implacable.
